Ene
23
Ene
23
Cambiar de modelo de management ya no se puede considerar una opción. Se ha convertido en una necesidad insalvable si queremos evitar el colapso de la economía y de la sociedad.
¿Es esto cierto, es esto posible?
Qué tiene que ver nuestro actual modelo de management con la crisis parece ser una pregunta razonable. ¿Acaso es este modelo de dirección de empresa el responsable de la crisis y replantearlo nos permitiría salir de ella y emprender el buen camino?
Digamos que es una parte del virus mutante que viene contaminando nuestra economía y sociedad desde unos treinta años y que ninguna recuperación resultará sostenible si no cambiamos el modelo de management y los fundamentos ideológicos que lo apoyan y subtienden.
En esta primera parte de mi artículo, os propongo un montaje video para introducir el tema.
(El video está en HD, por lo que podéis elegir esta definición y verlo a pantalla completa).
Ene
2

“Queridos Reyes Magos,
Me he portado muy bien. He hecho todo el trabajo que me tocaba en la oficina, también el de algunos colegas y de varios de mis colaboradores. He obedecido escrupulosamente a las órdenes que venían de arriba sin alejarme ni jota del camino marcado, ni he permitido que lo hiciesen mis empleados. He castigado a cualquiera que no cumpliera con la norma y llamado la atención sobre cualquier trabajo imperfecto. He perdido mucho tiempo intentando que el personal llegara puntual y, si es cierto que no lo he conseguido, por lo menos no he reparado ante ningún esfuerzo. Pero los resultados no han acompañado tanto trabajo y mi departamento no da lo que se esperaba de él. Por tanto, he venido a pediros con esta carta éxito para mí, como recompensa a mi dedicación, y carbón para mis empleados que no han sabido funcionar.”
Melchor miró perplejamente la carta que tenía entre sus dedos, y cogió una pluma para escribir la respuesta.
“Antes de decidir a quien va el carbón, y a quien los regalos, debieras reflexionar sobre lo siguiente. Si haces el trabajo de los demás, les privas de la motivación que les proporcionaría los logros personales; si piensas y actúas por ellos, les haces dependientes y limitas tu organización a lo que cabe en tu propia cabeza; si les impides ser creativos, les empobreces a ellos y a tu empresa; en lugar de castigar los defectos, debieras plantearte recompensar todo lo que hacen bien, porque todo lo que se refuerza se multiplica; si controlas la hora de llegada de tus empleados, ellos controlarán la hora de salida y jamás se sentirán identificados con lo que hacen; pero sobre todo, te has imaginado que tú puedes tener éxito a la vez que ellos fracasan, y esto es imposible, porque tu éxito sólo pasa por el de ellos.”
Sin embargo, hemos decidido hacerte un gran regalo, que sólo consiguen los mejores. Aunque tendrás que merecerlo, día tras día. Es una planta que tendrás que regar, haga frío o calor, sol o lluvia, cuidarla y quitar las hojas muertas que terminarían por ahogarla. Si la descuidas, morirá. Deberás recordar que es una planta que sólo florece si regalas sus flores, porque si te las quieres quedar para ti solo, se marchitará. Todas las mañanas arranca una flor y ponla en el ojal de tu chaqueta, y ofrece otra flor a cada una de las personas que trabajan contigo. Verás que cuantas más ofrezcas, más florecerá tu planta.
Si eres capaz de cuidar de esta planta, te garantizo que tendrás éxito en lo que emprendas.
Esta planta se llama Confianza.
Dic
6

No sé si te acordarás de mí porque hace muchos años que he dejado de escribirte, pero soy el niño que te canjeaba promesas solemnes contra barras de chocolate.
Vuelvo a ti no en nombre propio sino pidiendo para los managers, solitarios y desbrujulados en las torres de poder en las que se han aislado y amurallado.
Mi primera intención era pedirte que dejaras en sus zapatos de Crockett & Jones y sus calcetines Hugo Boss algo de humanidad. Han leído los libros equivocados, escuchado a los falsos profetas y como unos nuevos faustos, han vendido el alma a cambio de Riqueza y Poder. Sí, algo de humanidad es lo que les falta, olvidadizos de que el Hombre es la causa y la meta de toda sociedad humana.
Pero cambié de deseo cuando pensé que la humanidad es algo que cada uno ha de descubrir dentro de sí mismo, no algo que se pueda injertar desde fuera.
Por tanto, vengo con esta carta pedirte para ellos, como regalo de Navidad, conciencia y lucidez.
Conciencia para que dejen de escudarse detrás de La Doctrina para justificar sus comportamientos destructivos y misántropos; lucidez para saber distinguir entre valores ficticios y valores reales.
Que sean capaces de replantear cánones que han demostrado ser malignos, que se acuerden de que quien no tiene valores no tiene valor, y que la próxima cabeza que corte el Califa será la del Visir cuando deje de serle útil.
Conciencia para entender que el mundo no es “como es” sino como cada uno contribuye a hacerlo, y lucidez para desenmascarar a los vendedores de ilusión. En la tienda del diablo, que describe muy bien Stephen King, cada uno se condena para satisfacer sus debilidades y vicios más inmediatos.
Agradecido por tu ayuda se despide el niño que, como imaginas, nunca ha dejado de comer chocolate.
Michel
Nov
22

El management construye un mundo ficticio, y se extraña de que los hechos, obstinadamente, le den la espalda.
Según la filosofía, la realidad es una construcción personal, un mapa que permite orientarnos. Pero independientemente de si la realidad es real(1), o si la hemos construido, es el mundo en el que nos toca vivir todos juntos. Por lo que más vale que tengamos todos el mismo mapa.
Y el que construye el management corresponde a otro planeta. Aquí, resulta falso.
El management representa el mundo en números. Pretende, equivocadamente, que lo que no se mide no se puede gestionar(2). No obstante, el mundo no es todo medible. Toda medición de lo inconmensurable nos proporciona una representación truncada. Distorsiona los hechos, despojándolos de su significado, amputándolos de una de sus dimensiones. Convierte una esfera en un círculo y los humanos en siluetas de sombras chinescas.
Las 4 dimensiones de la humanidad
A parte de las tres dimensiones del espacio, los seres humanos tenemos una dimensión espiritual. Las tres primeras son medibles, la cuarta no. Cuando se representa el ser humano con mediciones, se le amputa de la 4ª dimensión, es un mapa falso.
La dimensión espiritual (que no religiosa) es el Sentido de la Vida, la adhesión social, la pertenencia holística a una entidad superior: familia, equipo, empresa, nacionalidad, humanidad.
Esta dimensión no es medible pero es la que nos diferencia de las piedras, de las plantas y probablemente del resto de los animales. Cualquier modelo de management que no integre la cuarta dimensión se mueve en un universo ficticio.
Como tiene poder, se esfuerza en que todos los hombres que trabajan para él quepan en el patrón que ha construido. Con el poder suficiente puede pagar la deshumanización de su personal, peo al mismo tiempo tiene que asumir las consecuencias: ni las piedras ni los robots lloran pero tampoco se motivan, se identifican, luchan por ideales empresariales, ni mojan ninguna camiseta.
Los managers se pretenden racionales y son incoherentes. Deshumanizan a los trabajadores y, a la vez, les exigen cualidades exclusivamente humanas de implicación emocional e identificación con sus ideales. Atan grilletes a sus tobillos y exigen que corran.
Las empresas tienen los trabajadores que los teóricos del management han fabricado. Ni más, ni menos.
El management es un edificio construido sobre arena y que se tambalea, y como solución, sus gurús proponen redecorar los pisos. No es la decoración que falla sino los cimientos. Cuando se ha dejado la responsabilidad de la dirección de las empresas a las mentes de corte ingenieril y financiero, se la ha mutilado. O se vuelve a integrar la 4ª dimensión como componente esencial del management, o nos hundiremos en las arenas.
(1) “¿Es real la realidad?. Paul Watzlawick. ISBN 9788425410826
(2) ver mi libro Las falacias del tecnomanagement, o en mi web AQUI.
Nov
9

Estaba hablando recientemente con Pablo[1] y le comentaba que el obstinado enfoque de las empresas en bajar los costes era un tiro que les iba a salir por la culata y tornarse pronto contrario a lo esperado.
Pablo, en seguidor escrupuloso de la escuela de las finanzas, me replica: “Estás equivocado, Michel. Te lo voy a explicar y verás que lo vas a entender”.
Me encanta cuando me hablan así. Significa con otras palabras; eres un burro pero explico tan bien que hasta tú puedes enterarte. Continuó:
- Si el propósito es subir los beneficios, y lo es, entonces reducir los costes siempre los subirá.
- No es así, Pablo.
- ¡Hombre, si! Te lo demuestro. Los beneficios son lo que te queda de los ingresos tras deducirles los costes. O sea: B = I – C. Y cuanto menor sea C, mayor será B. Es matemática de parvulario.
- Bueno, no me atrevería a calificar tus mates de parvulario, pero no dejan de ser algo de primario. Permíteme usar la misma ecuación en otro ejemplo. Sea G tu nivel de gordura, C lo que comes y D lo que defecas. Entonces G = C – D, lo cual significa que para adelgazar, basta con defecar más de lo que se come.
- ¡Vaya! Tu ejemplo me parece muy nauseabundo, Michel.
- Posiblemente, pero a pesar del olor, queda claro. La solución contra el sobrepeso es barata: defecar más de lo que se come.
- Esto es absurdo. No se puede defecar más de lo que se come, por lo menos no más de dos o tres días.
- ¿Por qué?
- Sencillamente porque lo que defecas es función de lo que comes.
- Lo has dicho bien. Las variables no son independientes, sino que una es función de la otra, y lo mismo ocurre en tu ecuación de beneficios. Los ingresos son función de lo que gastas y de cómo lo gastas. Y salvo en el parvulario, no se puede decir nada sobre la tendencia de la ecuación B = I – C cuando C varía. Parte de los costes son superfluos, todos lo sabemos, pero la mayor parte de ellos son necesarios y una parte importante de ellos afecta a los ingresos, por lo menos a plazo. Lo que perjudica a las inversiones y de manera general a la satisfacción del cliente perjudicará a los beneficios pasado un tiempo. Es el caso de la formación del personal y de todas las reducciones que afectan negativamente a la motivación. A corto plazo parece funcionar, pero a medio es contraproducente.
- Como el comer y defecar.
- Eso es. Me alegro que lo hayas entendido.
Crédito foto: © Edgar Monkey – Fotolia.com
Sep
5
La declaración de moda en los círculos del management, es que es preciso alinear los RRHH con las estrategias del negocio.
¿A qué se refieren con “estrategias del negocio”? Porque si – como considero correcto – las estrategias de RRHH forman parte de las estrategias del negocio, entonces la frase me parece tan recursiva como decir que una matrioska es una muñeca que contiene una matrioska.
En realidad, todas las estrategias deben estar alineadas entre sí. Todo cóctel de políticas requiere armonía y equilibrio entre los componentes. La de RRHH ha de estar alineada con las demás estrategias del negocio en la misma proporción que aquellas deben estarlo con ella.
Si no lo vemos así, es que entendemos alineada en el sentido de supeditada y queremos decir que la dirección de personas ha de estar subordinada a estrategias del negocio de la que no se considera formar parte. Esto, a parte de una mala recomendación, es una exhortación peligrosa.
Mala porque pretende extraer RRHH del conjunto estratégico para confinarlo en un nivel meramente operativo: el personal ejecuta, inclusive a nivel supuestamente directivo. Mala también porque, al eliminar la reciprocidad e interdependencia estratégica, cree divergencias y el negocio y el personal empiezan a andar por distintos caminos.
Peligrosa porque para evitar el desajuste, no queda más remedio que reforzar el autoritarismo, es decir la sumisión de la dirección de personal a las demás direcciones. Esto es un claro retroceso hacia el fordismo y, en el peor de los casos, un comportamiento feudal.
Las consecuencias empiezan por un deterioro de la efectividad y de los resultados, y a plazo llevan a una desagregación del sistema. El deterioro lo venimos observando desde que el management se ha convertido en una tecnología cartesiana deshumanizada: desmotivación, desimplicación, baja productividad, baja competitividad y consecuencias sociales dramáticas. Y no son supuestos paliativos como la mítica gestión del talento que podrían remediar tal fallo conceptual.
La empresa ha de ser vista como un sistema de componentes interdependientes cuyo objetivo de gestión es la optimización global y no el mayor rendimiento de unos en perjuicio de otros – y por ende del todo. Solamente aceptando crear sinergias entre capital, dirección y trabajadores se puede optimizar el conjunto. Y esto implica que todas las demás estrategias del negocio estén alineadas a su vez con estrategias adecuadas y rehumanizadas de personal.
Mhc
Jun
21
José Antonio Marina escribe en ‘La inteligencia fracasada’*: “El fracaso de la inteligencia aparece cuando alguien se empeña en negar una evidencia, cuando nada puede apearle del burro, cuando una creencia resulta invulnerable a la crítica o a los hechos que la contradicen, cuando no se aprende de la experiencia, cuando se convierte en un módulo encapsulado“.
Me parece legítimo preguntarnos si los teóricos del management (y aquellos que defienden sus teorías) no están mostrando una inteligencia fracasada, porque parecen invulnerables a toda crítica y, en particular, a los hechos que contradicen sus doctrinas. Ya sabe: cuando los hechos contradicen la teoría: mala suerte para los hechos.
Todas las investigaciones y encuestas sobre motivación, implicación, productividad, identificación del personal con la empresa indican una tendencia marcada al empeoramiento, tendencia que, a su vez, se está acelerando. Todas las encuestas coinciden en que apenas un empleado sobre cinco admite dar todo lo que podría; la gran mayoría de las empresas y de los directivos se quejan de una colaboración y aportación insuficiente del personal a los fines de la compañía y la sociedad asume crecientes costes por daños psicosociales y falta de productividad. Encontramos no obstante, y en la misma proporción que esta insatisfacción, una tremenda obstinación en seguir por los mismos cauces, e inclusive reforzarlos.
Desde luego, son pocos los masters o cursos post grado que no utilizan la palabra “innovador” para calificar sus programas de gestión de (los llamados) Recursos Humanos. El pretexto para que les consideren así se debe a la introducción de alguna asignatura sobre redes sociales y de supuestos nuevos modelos desarrollados por alguna consultora prestigiosa (que ha conseguido su prestigio llevándonos a la pésima situación actual). Valgo como ejemplo: ‘la dirección por la felicidad’, ‘la gestión del talento’ o la ‘remuneración por competencias’. Pero ¿qué hay debajo de estas etiquetas? ¿Qué cubren realmente estos nuevos trajes? ¿Qué entienden por alinear los Recursos Humanos con las estrategias de la empresa? Sencillamente: más de lo mismo.
Las supuestas innovaciones siguen basadas en valores obsoletos: el centralismo de las decisiones, del poder y del control, en objetivos y valoraciones individuales, en dirección por tareas en lugar de por misiones, en la competitividad interna como palanca (errada) de productividad y en la sobrevaloración sistemática de la responsabilidad individual del empleado con respecto a su situación (y en particular la creada por el propio management).
Giuseppe Tomasi di Lampedusa, en su obra El gatopardo*, acuño la frase paradójica: “Es necesario que algo cambie si queremos que todo siga como está”. En política se suele llamar “lampedusiano” al seudoreformista que propone modificar la parte más aparente de las estructuras para que nada cambie realmente en lo fundamental. Cabe la pregunta: ¿no se habrá vuelto el management muy lampedusiano?
Las teorías oficiales del management se están esmerando, me consta, en hacer mejor las cosas y en utilizar herramientas más sofisticadas para hacerlas. El grave problema es que están haciendo mejor las cosas erróneas, lo que amplifica los defectos. Más valdría hacer medianamente bien las cosas adecuadas que esforzarse tanto en hacer perfectamente las cosas equivocadas.
Son los pilares mismos del modelo de management lo que hay que replantear. Debe renunciar a los fundamentos tayloristas y weberianos para construir una organización sistémica basada en la distribución de autonomía, en el desarrollo del talento colectivo, en la colaboración en lugar de la rivalidad. Debe poner las personas arriba de los procesos, dirigir por misiones y no por tareas ni por objetivos individuales, comprender que la reciprocidad empresa – trabajadores es imprescindible en la implicación de los mismos. El management debe humanizar la empresa en lugar de mecanizar a las personas.
¿Será el management capaz de quitarse la cinta que le tapa ojos y oídos? ¿Podrá mostrar algo de inteligencia triunfadora?
*ISBN: 8433962175
May
26

El letrero en la puerta marcaba “DIRECCIÓN DE RECURSOS HUMANOS – PROHIBIDO ENTRAR”.
Machado pasó la tarjeta por el lector de control y la puerta se desbloqueó con el característico clic metálico de las serraduras eléctricas.
Entramos en una sala de unos veinte metros cuadrados en la que destacaban tres pantallas de ordenador que estimé ser de treinta pulgadas y que, como lo iba a descubrir pronto, eran táctiles. En su lado derecho había un ordenador portátil, conectado a una pantalla fija más pequeña. A la izquierda, un panel de comando con unas veinte teclas y unos pocos interruptores estaba integrado en una ancha mesa de trabajo que parecía de cerezo.
Delante, un cómodo sillón de tipo directivo, tapizado de piel negra, con el respaldo lacado blanco adoptando una forma ovoide, pensado para proporcionar la máxima comodidad a quien lo ocupara.
Había poco mobiliario. Un par de armarios color cerezo, una pequeña nevera como la de las habitaciones de los hoteles y una mesa de servicios con una máquina Nespresso, tazas y un par de copas boca abajo.
En estos momentos, las pantallas mostraban el clásico salvapantalla, constituido por el logotipo de la empresa bailando y rebotando contra las equinas. Machado tocó la del medio y apareció como un gran cubo en 3 dimensiones. La cara visible estaba constituida de una multitud de cuadrados – debió de haber unos cien – de diferentes colores.
- Aquí están todos nuestros empleados, dijo Machado. Salvo los miembros del equipo directivo, claro.
May
25
Hoy en uno de los foros de Linkedin al que estoy suscrito, alguien promocionaba un software de métrica del tiempo de cada empleado. Eso es, un sistema informatizado del que se precisa – por si a alguien se le ocurriera la idea – que no se trata en absoluto de controlar al trabajador sino de aportarle una ayuda indicándole de forma precisa a qué dedica su tiempo laboral. El software lo mide y centraliza todo para cada uno.
El argumento es conocido ya: a los empleados se les paga para realizar tareas a cambio de un sueldo, por tanto el empresario debe saber quién utiliza más su tiempo a trabajar, cómo y con qué resultado.
En el mismo tiempo, casi todas las empresas han puesto un nuevo altar en la empresa, a la gloria y veneración de la diosa Innovación. Se exhorta al personal a que sea innovador y creativo, de esto, se dice, depende la competitividad y el futuro de la empresa.
Lo que no parece contemplado ni en el software ni en la mente de los directivos, es en qué momento deben los empleados ser creativos. Seamos realistas ¿crees tú que cuando los jefes analizarán los timing de ocupación de los colaboradores y aparezca dos horas bajo la etiqueta de “Descanso para pensar”, o “tiempo libre de creatividad”, les van a recompensar por contribuir a las ideas innovadoras de la empresa?
A ver, a ti concretamente, de qué hora a qué hora te dicen de dejar de producir y ser creativo? ¿De 12:15 a 12:48 o de 17:20 a 18:32?
Pero ¿está contemplado en tu empresa que los empleados puedan pensar o sólo se les paga para ejecutar? Quiero decir ¿es la misma empresa que pide a sus trabajadores que sean creativos, innovadores y hagan evolucionar el negocio que la que mide con un software “de apoyo personal” a qué tarea dedica el tiempo cada empleado y qué rentabilidad aporta cada uno de sus gestos?
Por mi parte, quedo convencido de que medir la productividad de los empleados y analizar su tiempo de trabajo es la mejor garantía de que no aportarán creatividad al negocio.
(La alternativa, la tenéis en Introducción a Fractal Teams en este capítulo http://www.fractalteams.com/ebook_fractalteams/control-regulacion-empresa.html)
May
9

Los tecnogurus son aquellos que, formados a la ingeniería cartesiana, se muestran incapaces de pensar en forma de sistemas. Sus recomendaciones parecen sensatas porque son simplistas. Fragmentando la empresa en elementos inconexos, la desmontan en piezas sueltas como el loco doctor Frankestein que creía que la vida era el ensamblaje de pedazos de cuerpo. Parecen ignorar por completo que las empresas constituyen sistemas, es decir que son entidades eminentemente interrelacionadas.
Dejarme por tanto hablaros un poco de sistemas.
A tal efecto, empezaré representando una empresa por un rectángulo y su entorno por una forma aproximativa. Cuando la empresa se dirige al entorno, espera de él alguna respuesta determinada. Por ejemplo, al dirigirle una oferta comercial, espera compras, al dirigirse a los bancos, espera financiación.
Pero el sistema empresa está constituido por varios subsistemas interrelacionados. Subsistemas que pueden ser por ejemplo el comercial, el financiero, la producción, el departamento de calidad, etc. Podemos representarlo así, en una gráfica en la que las letras representan subsistemas:
El subsistema A se relaciona con el subsistema interno B esperando una respuesta R1 y con el subsistema C esperando una respuesta R2 (figura 2).
Sin embargo, los subsistemas están relacionados en ambas direcciones, y C se relaciona con A y con C esperando una respuesta concreta, a la vez que C se relaciona con A y con B esperando una respuesta concreta. El esquema debe por tanto modificarse como en la figura 3 (no he representado las relaciones entre B y C para no sobrecargar la gráfica). R{b,c} representa el conjunto de respuestas esperadas por parte de B y de C.
Volvamos un momento a las relaciones de la empresa con el entorno. También son relaciones recíprocas y cuando el entorno se relaciona con la empresa, también espera una respuesta concreta por su parte. Por ejemplo, cuando el entorno legal se relaciona con la empresa, espera el cumplimiento de determinadas leyes y reglamentos. Debemos por tanto representar dos flechas de relaciones y dos respuestas diferentes, la que espera la empresa X y la que espera el entorno.
Cada subsistema de la empresa está en interrelación (con mayor o menor intensidad y frecuencia) con una parte del entorno (sea fiscal, laboral, sindical, financiero, comercial etc.).
Cada relación entre dos subsistemas internos de la empresa forma un campo interno (o longitudinal) de relación, y cada interrelación de un subsistema con una parte del entorno forma un campo transversal (no represento todas las relaciones ni todas les respuestas para no cargar la gráfica).
El diagrama es incompleto pero suficiente como para darse cuenta de la existencia de campos transversales: el subsistema A que se relaciona con el entorno E2, en busca de respuestas R(A), el cual también espera respuestas R(e2) por parte de A. Ocurre lo mismo entre A y E1 aunque no esté representado.
En algunos casos, la relación de un subsistema de la empresa con el entorno puede ser más intensa y más frecuente que con otro subsistema interno. Esto suele crear cierto nivel de dependencia – o por lo menos crea una relación privilegiada – y el campo transversal puede tener más pregnancia y consistencia que los campos internos.
Es el caso por ejemplo del departamento comercial que debe estar atento a las necesidades de los clientes y resolver sus problemas, a veces con prioridad sobre las necesidades de departamentos de la propia empresa.
Una de las consecuencias es que las fronteras de una empresa no son nítidas, sino borrosas. Una parte del entorno está metida dentro la empresa y parte de la misma forma con el entorno una casi-organización. Un ejemplo podría ser el departamento de logística y los subcontratistas de transporte, y otro podría ser el de un trabajador delegado sindical, del que uno puede preguntarse si forma más parte de la empresa (interno) o más parte del sindicato (entorno).
Hay por tanto otras consecuencias importantes: un subsistema interno, un departamento por ejemplo, forma parte a la vez de la organización empresa pero también de la casi-organización que forma con elementos del entorno. Se entremezclan campos longitudinales y campos transversales, cada uno de estos campos teniendo sus prioridades, criterios e indicadores para informar de las respuestas conseguidas.
El departamento comercial, por ejemplo, recibe presiones (cada una con criterios propios) por parte del departamento de riesgos, del financiero, de producción, de logística, del administrativo (para que entregue los documentos de venta o gastos en tiempo y forma), del marketing (que antepone informaciones sobre los clientes y el mercado a la toma de pedidos), etc. Pero del mismo modo, recibe presiones e influencias de campos transversales, los clientes siendo el más importante en su caso pero no el único.
Cada departamento, o subsistema, debe conciliar presiones y exigencias a veces contradictorias. Si cada uno de estos campos es muy rígido en sus exigencias, puede sencillamente bloquear el funcionamiento del subsistema, poniéndolo en la imposibilidad de satisfacerlas todas. Pero en general existe cierta holgura, y es lo que utiliza el subsistema incriminado para conciliar, armonizar y equilibrar los criterios de cada campo y funcionar.
Cuanto más rígidas sean las exigencias de los campos, más nos acercamos a la imposibilidad de satisfacerlas todas (es decir del bloqueo), o bien de una toma de decisiones absurdas privilegiando los criterios del campo que tiene más poder o ejerce mayor presión.
Para resolver la pluralidad de criterios, el subsistema incriminado ha de generar complejidad* local (o variedad según el lenguaje de la cibernética). Sin creación de complejidad, el sistema corre enormes riesgos de bloquearse o, como anteriormente mencionado, de tomar decisiones incoherentes y contraproducentes. Lo vemos con los call centers de atención al cliente que han dado lugar a un aumento de los costes y de la insatisfacción de los clientes al imponerles normas de tiempo de respuesta apremiantes.
La creación de variedad depende por tanto de los grados de autonomía local de cada subsistema. La carencia de autonomías vuelve rígida a toda la empresa, la empobrece, y limita considerablemente su capacidad de adaptación.
Es lo que ocurre cuando, desde un puesto de mando central, la empresa introduce indicadores de rendimiento en cada subsistema. Estos indicadores informan al puesto central de mando del cumplimiento de sus criterios, pero no toman en cuenta (ni podrían hacerlo) los criterios de los demás campos de pertenencia. Además adquieren un alto nivel de apremio sobre el personal porque es en base a estos indicadores que se le quiere evaluar y retribuir.
La consecuencia es un empeoramiento de los resultados de la empresa, el aumento de las paradojas sufridas por el personal (lo cual desmotiva considerablemente) y desemboca en comportamientos aberrantes y perjudiciales.
La única solución para facilitar la capacidad de equilibrio entre los requisitos de todos los campos es otorgar niveles de autonomía local suficientes, que los subsistemas utilicen sus propios indicadores, y fomentar la creación de complejidad (variedad) local. En otras palabras: abandonar las teorías centralistas, los indicadores centralizados y, en particular, la relación entre cumplimiento de los indicadores e ingresos del personal que tiene una coacción tal que no puede dejar ninguna holgura para equilibrar las fuerzas. O sea: precisamente lo contrario de lo que nos están exhortando a hacer los tecnogurus.
* (complejidad en sistémica no signica complicación sino cantidad de estados diferentes que puede tomar un sistema, y por tanto también de información que puede proporcionar)