feb
5
feb
5
El primer dogma del management taylorista, es que los dogmas del management son inescrutables.
En un afán de autoprotección y ante el creciente número de contra-argumentos y de pruebas de su ineficacia, el management se ha dogmatizado. Se ha convertido en una proposición incuestionable y, en general, incuestionada.
Cualquier contra-argumentación le provoca el referirse a los gurús de la doctrina, de los que se citan los apotegmas como otros podrían enunciar versos de su Libro Sacro.
Tengo, como otros, oportunidad de asistir a conferencias que propagan el modelo y advierto que los conferenciantes multiplican las afirmaciones. Si les pedís que las argumenten, no saben más que repetir las mismas declaración con mayor énfasis, o escudarse detrás de fuentes que afirman sin tampoco demostrar nada.
Carecemos seriamente de escépticos, dispuestos a deconstruir las teorías para volver a construirlas con solidez. Parece que el management se haya convertido en la ciencia de los loros[1].
La tendencia de cualquier dogma es volverse cada vez más dogmático, lo que lo hace muy difícil de combatir. Cuando un dogma se ve repetido machaconamente por la propaganda y por una auto-proclamada élite cultural, su aceptación se asimila a la posesión del conocimiento verdadero. Su repetición obsesiva e inevitable somete las mentes a tal bombardeo que aquellos que no lo apoyan son considerados como ignorantes, disidentes, o retrógradas. El dogma cristaliza las mentes en un punto fijo inamovible con la repetición sin tregua de las afirmaciones que certifican su verdad.
Afortunadamente, las personas pueden liberarse de un dogma, pero deben antes darse cuenta de que están presas en él, lo cual resulta tanto más difícil como han sido eliminadas de los cerebros todas las dudas y hasta la voluntad de dudar.
Hemos de rechazar un dogma que se autojustifica, cuestionarlo, dejar de aceptar como ciertos los postulados que nos son martilleados por el hecho de que quienes lo hacen gozan de una gloria momentánea.
El ser humano y los sistemas sociales trabajan en lógica borrosa, palabra que eriza a los managers que prefieren un error bien concreto y documentado a una verdad abstracta o versátil.
El actual modelo de management ha sido elaborado, y es mantenido, por tecnócratas. Los managers se sienten mucho más seguros cuando disponen de números, de ecuaciones y de reglas que les parecen rigorosas. Hasta el punto de que dejan de plantearse si resultan adaptadas al campo al que los aplican.
Esto es una afección endémica en los directivos. Tranquilízate, es curable, pero pocas veces sin dolor.
ene
5
El especialista es aquél que sabe cada vez más sobre un campo cada vez más estrecho, hasta llegar a saberlo absolutamente todo, pero sobre nada.
Nuestra sociedad ha creado tantos especialistas que se ha convertido en una hormiguera de sabios cuyo horizonte no alcanza más que la punta de su nariz. La mayor parte de nuestra ciencia aglutina letras adornadas para formar palabras sin sentido, amontona preciosas palabras inconexas para construir frases carentes de significado.
Estudiamos el cerebro en una facultad y la mente en otra. Queremos luchar contra el paro (unos exigiéndolo y otros prometiéndolo) sin entender que este es consecuencia de un sistema político-económico complejo en el que todo está en interrelación.
Las empresas pretenden maximizar sus beneficios enfocándose a los beneficios, que no son más que el resultado de hacer bien otras cosas. Los especialistas en finanzas no saben nada de seres humanos, por lo que se nutren de la ilusión que reducir sus costes va a mejorar los resultados que los humanos, precisamente ellos, producen.
Llegamos inclusive a entrar en paradojas dentro de una misma especialidad, con cerebros tabicados en pequeños campos de sabiduría aislada, la neurona izquierda ignorando lo que piensa la neurona derecha. Es así como los economistas creen que la austeridad es el remedio contra la crisis y a la vez que el crecimiento es el remedio contra la austeridad. ¿Y es crecimiento como remedio a la crisis? Ah, eso no.
“Nuestra máquina de producir conocimiento, al ser incapaz de relacionar los conocimientos, ha producido mentes miopes y ceguera. Paradójicamente, el amontonamiento de conocimientos desvinculados produce una ignorancia muy docta en los expertos y especialistas que pretenden ilustrar a los responsables políticos y sociales [sin olvidar a los managers]”.
Descartes imaginaba que se alcanzaba al conocimiento fragmentándolo en partes cada vez más pequeñas, lo que nos está permitiendo crear un mundo de doctores en ignorancia.
¿Cuánto tiempo crees tú que tardaremos a curarnos de sus funestas ideas?
dic
23

De qué crisis estás hablando, ¿crisis económica o crisis de valores?
Se idolatra el egoísmo; la acumulación de dinero se convierte en el principal símbolo de prestigio; los psicópatas amorales son venerados y sirven de modelos con tal que tengan éxito.
El mundo está dividido entre winners y losers. Winner es aquel que es capaz de hacerse muy rico, preferiblemente a costa de los perdedores (los losers) que son aquellos que tienen integridad, ética en los negocios y consideración humana (el peor de los defectos, totalmente retro).
Naturalmente, este drenaje de las fuerzas y recursos ajenos en beneficio egoísta está provocando una desecación de las fuentes generadoras de riqueza. ¿Le importa a alguien?
Estamos descubriendo una versión moderna de la servidumbre feudal, donde el Señor llega a sorber la capacidad productiva de sus siervos y su codicia los empobrece manteniéndoles en permanencia en el filo de la navaja, entre abnegación y revolución.
Cuál te parece que es el mayor problema: ¿que existan – y se multipliquen – seres y organizaciones desolladores y esterilizadores, o que sean objetos de admiración social?
dic
18
Leo bastante. Bastante mucho. Este año he leído en francés (normal, es mi idioma), en inglés y en castellano.
Pues este libro de Gabriel Ginebra está en el podio de mis dos o tres libros favoritos del año, y de los que realmente valía la pena leer.
A veces asombra, otras incordia, algunas más entristece, pero ¡demonios! te mueve las neuronas y te retuerce las tripas viendo la estupidez con las que se rigen las empresas bajo el pretexto de la excelencia y el dominio de los incompetentes.
No esperes más para leerlo.
dic
15

- Me quedo perplejo, no entiendo a tantos empresarios que quieren contratarme para que impulse el cambio, y se niegan a todo cambio.
- Es normal.
- ¿Tú lo encuentras normal?
- Digo que es normal que te quedes perplejo. Pero déjame explicarte primero algo: lo que intentan los empresarios y otros altos directivos, es hacer lo más perfectamente posible las cosas equivocadas. Es lo que llaman ellos: excelencia. Bajo ningún pretexto quieren que nadie les insinúe que van por caminos equivocados, eso no les importa, sólo quieren dar cada paso perfectamente, aunque sea en la mala dirección.
- Pero se llenan la boca de términos como cambio e innovación.
- Desde luego, pero no te confundas. Cuando hablan de cambio en la empresa, se refieren a que su personal ha de aceptar hacer lo que se les pide sin rechistar, por muy absurdo o contraproducente que sea. El cambio, como lo decía Sartre del Infierno, son los demás. Lo que piden, es que el personal se muestre más obedientes a los prosélitos de la ingeniería directiva que, como bien sabes, consiste en someter a los empleados a la dictadura de procesos rígidos e inmutables por esencia.
- Y ¿si no se someten?
- Pues a eso lo llaman: estar en “su zona de confort”.
- Quién inventa estos procesos?
- Los creadores del Matrix.
- ¿Te estás burlando?
- Bueno, sí, pero apenas. ¿Por qué crees que las empresas funcionan a pesar de sus muchas reglas incoherentes y sus numerosos procedimientos irrealistas?
- Esto es otro de mis motivos de asombro.
- Porque, como en la vieja Unión Soviética, hay personas en la base que se saltan las normas y aplican el sentido común. Las reglas funcionan porque hay quienes se arriesgan a infringirlas. Como los managers no lo han entendido, imaginan que los empleados son el problema y sus procesos la solución, cuando en realidad, su solución ES el problema.
- Entiendo. Y eso de la innovación?
- Es muy simple. Consiste en introducir nuevas tecnologías y prometer ganar dinero con ella. Por decreto ley lingüístico, si no usas nuevas tecnologías, no lo llaman innovación, por mucho que les des la vuelta a todas las tortillas.
- Esto está pero que ¡muy mal visto por los jefes de cocina!
- Ya lo vas captando. Además si no prometes ganar dinero (al ser posible en la exportación), tampoco lo llaman innovación, sino invento. Es así que si introduces un microchip en los paquetes de patatas, podrá ser considerado una innovación.
- Y ¿si invento una nueva clase de patatas, o un nueva forma de envasarlas?
- No será innovación, por mucho que innoves. El cambio en las empresas consiste en seguir haciendo lo mismo, y la innovación en usar tecnología mostrando fantasiosas cuentas de resultados previsionales.
- Pero ¿cómo pueden establecer cuentas de explotación a cinco años, con volúmenes de venta y actuaciones de la competencia para algo que aún no existe?
- No te preocupes, para las verdaderas innovaciones, nadie puede. Todo es apariencia : tú finges que has hecho un Business Plan coherente, y los organismos involucrados fingirán que se lo creen. Lo que verdaderamente importa, no es que haya futuro sino que hables mucho de él y que cites grandes genios (todos americanos), de la tecnología. Ah, y muy importante: debes inundar las redes sociales y procurar dar charlas en los convenios de empresas innovadoras.
- ¿Y con esto voy a cambiar algo?
- ¿Cambiar? ¿Estás loco? Recuerda que si quieres tener enemigos, propón un cambio de verdad. ¿Estás pensando en uno? Pues, ¡cállatelo! O pide una Green Card.
nov
3

Si la relación simbiótica entre empresas y sociedad se detiene, ocurrirá una glaciación social.
¿Has pensado alguna vez en cuál es la relación entre las empresas y la sociedad ? ¿Son separadas, como dos islas en un gran océano? ¿Está alojada alguna en la otra, y cuál? ¿Pueden desarrollarse y crecer por separado?
Para ayudarnos en esta reflexión, propongo que comparemos la empresa a la medusa. Si dudas de si la medusa es independiente del mar y puede prescindir del mismo, déjala al sol en la arena de la playa y espera un poco. Tendrás tu respuesta.
Pero ¿sabías que el 96% de su organismo es constituido de agua de mar? por lo que el mar, a su vez, forma parte de la medusa.
Volvamos ahora a las empresas y preguntémonos si pueden vivir independientemente de la sociedad, como un anacoreta en autarcía en su ermitaño, o una medusa en la playa.
Sabemos que viven de intercambiar sus productos contra el dinero a los clientes, pero ¿termina aquí la dependencia?
También sabemos que las empresas usan las infraestructuras creadas y mantenidas por la sociedad: redes de comunicación (carreteras, ferrocarriles, telecomunicaciones), gestión y garantías administrativas (fuerzas de seguridad, registres de la propiedad, tribunales), así como la educación, la salud, la energía, etc. Todo este conjunto constituye la sociedad de los hombres.
Pero la sociedad también forma parte de las empresas, del mismo modo que el agua es parte de la medusa. Las empresas, en efecto, emplean personas que, además de trabajar en ella (sea con cuello azul o blanco), son ciudadanos y constituyen la esencia de la sociedad.
Las empresas no existirían sin la sociedad que, a su vez, las necesita indefectiblemente porque son ellas que realizan los intercambios económicos que crean riquezas y financian los progresos sociales y culturales. Por tanto, además de una interconexión biológica, la relación entre las empresas y la sociedad es una simbiosis.
Edgar Morin llamó nuestra atención sobre el hecho de que la sociedad se auto-produce. Escribía en Introducción al pensamiento complejo: “la sociedad es producida por las interacciones entre los individuos que la constituyen. La sociedad ella misma, como un todo organizado y organizador, retro-actúa para producir los individuos gracias a la educación, al lenguaje, a la economía. Así los individuos, en sus interrelaciones, producen la sociedad, la cual produce a su vez los individuos que la producen”.
Os propongo tomar en cuenta esta causalidad recursiva para repensar las relaciones entre sociedad y empresas. Creadas (a veces indirectamente) por individuos inversores, emplean a otros como directivos y como empleados. Y todas estas personas son, como lo observaba Morin, productos de la sociedad. Por otra parte, las empresas producen bienes que, tarde o temprano, terminan en manos de individuos consumidores que son, en su mayor parte, trabajadores. Por consiguiente la empresa, que produce para la sociedad es igualmente producida por ella, puesto que ella misma produce los individuos que la producen.
Se trata de un mecanismo recursivo y espiral que tarda generaciones en desarrollarse, pero puede tardar bastante menos en detenerse. Disociar empresas y sociedad nos llevaría a una rotura evolutiva, el proceso se vería parado como ocurriría con las corrientes oceánicas si los mares perdiesen su salinidad, y en una consecuencia comparable, ocurriría una glaciación social.
Las empresas que no se preocupan por aportar a la sociedad se condenan y nos condenan a todos.
oct
10

El hombre es una caña, la más débil de todas, pero una caña que piensa.
Blaise Pascal
Son muchos los desafíos que se presentan a las empresas en la actualidad. Los cambios que ocurren en el mundo y afectan a las sociedades las golpean de frente también a ellas, puesto que empresas y sociedad están íntimamente vinculadas. Y estos cambios se aceleran. Lo que tardaba antaño un siglo requiere una década, lo que tardaba diez años tarda ahora uno. La evolución tecnológica y social – que resultan unidas como lo demuestra internet – son tan rápidas que pocos dudan en llamarla revolución.
La mundialización provoca nuevos intercambios culturales así como un importante incremento de las propiedades sistémicas, acompañadas por la emergencia de combinaciones que resultaban inimaginables hace unos escasos cuarenta años. Con ella aparece también una nueva competencia económica internacional, agresiva y a menudo sorprendente cuando juega con formas o reglas que desconocíamos.
Como consecuencia, la complejidad sistémica del mundo se ve multiplicada y nuestro principal reto es ser capaz de adaptarnos. Sólo los organismos (bien sean biológicos o sociales) que sabrán adaptarse a los cambios del entorno podrán sobrevivir. Los otros, que se quedan anclados en prácticas anticuadas basadas en mapas obsoletos del mundo, están condenadas a desaparecer tanto más rápidamente como la competencia se muestra más intensa y áspera en su sector.
No es reforzando las viejas creencias y blindando las viejas prácticas que podremos resistir, sino siendo lo suficiente flexibles. No son los robles que sobreviven a los huracanes, sino las cañas. Es en la capacidad creativa de la caña que piensa que hemos de confiar y apoyarnos; la adaptación de las empresas exige une rehabilitación del rol del hombre en las organizaciones que le fue robado por la gestión de procesos. Y ¿qué son los procesos sino estrategias establecidas en el pasado con la ilusión de que permanecería inalterado.
Ante los desafíos que nos brindan los cambios, debemos poner fin a la visión mecanicista nacida con Descartes y transmitida al management por Taylor. Resulta imprescindible y urgente de re-humanizar a las empresa. El modelo actual de management siendo mecanicista y animalista, hemos de desarrollar otro nuevo, los parches no podrán salvarnos.
oct
5

La pregunta frecuente: “ es o no es posible motivar a los demás” parece lanzada a una palestra en la que se enfrentan, con fervor y pasión, los campeones de ambas tesis. El management es notoriamente cartesiano y sólo le gusta lo que es preciso e inequívoco, pero si trazamos con navaja las fronteras de la motivación, llegamos a una paradoja: “ es posible motivar a alguien” y “ es imposible motivar alguien”, son dos afirmaciones contradictorias que, extrañadamente, resultan ambas verdaderas.
Antes de desarrollarlo, me gustaría recalcar la ambigüedad del concepto. ¿Qué significa motivar? Literalmente, es dar motivos. Y ¿qué es la motivación? Desde un punto de vista psicológico, es “el conjunto de los factores que orientan dinámicamente un individuo hacia una meta determinada”.
Esto nos lleva a considerar motivado aquel cuyos objetivos reconocemos y admitimos. Sin embargo, cuando los objetivos de uno son de hacer el mínimo esfuerzos, deberíamos considerarlo motivado cuando no está haciendo nada; su motivación siendo el conjunto de los factores que lo empujan a no hacer nada. Pero como el objetivo del esfuerzo mínimo no está reconocido, ni laboral ni socialmente, resulta difícil el calificar el perezoso como motivado, aunque lo fuera a la pereza.
En el contexto industrial, vemos motivado aquel cuyas metas coinciden con las de la empresa, es decir aquel que se esfuerza en realizar, en cantidad y calidad, el trabajo que le ha sido encargado. Si su objetivo no es el colaborar lo más posible a los de la empresa (o de su jerarquía), deducimos que no está motivado cuando resultaría más exacto concluir que está posiblemente motivado por otras cosas.
En la motivación psicológica intervienen, ya lo hemos mencionado, tanto los factores como las metas. La pregunta es por tanto de saber si podemos tener influencia en uno cualquiera de estos dos elementos. Si la respuesta es negativa, entonces no es posible motivar a los demás. Si es positiva, tendremos que admitir que es, por lo menos en parte, posible.
Es momento de que volvamos a la navaja del principio y nos preguntemos si las demarcaciones entre influencia y no-influencia son realmente nítidas. ¿Son los factores que nos orientan hacia las metas exclusivamente endógenos? ¿Son estas mismas metas únicamente propias y totalmente independientes de nuestro entorno?
Somos, al menos en parte, lo que los demás hacen de nosotros. Todos somos un poco Galatea esculpida por Pigmalión. Si no fuera el caso, no seríamos más que robinsones salvajes aislados en una sociedad-selva. La mirada de los demás, las palabras que nos dirigen, sus actos, nos influyen en permanencia, que seamos conscientes de ello o no. Lo hacen de forma individual y más aún de forma colectiva. La presión de conformidad de un grupo puede ser muy poderosa, que sea en la familia o el trabajo. La cultura dominante de una sociedad nos moldea y condicionada nuestros comportamientos, cuya repetición afecta progresivamente a nuestros pensamientos más internos: “ quien siembra una acción cosecha una costumbre, quien siembra una costumbre cosecha un carácter”. No hay ni un solo psicólogo que se atrevería a pretender que somos insensibles a la influencia de los demás. Por lo contrario, ha sido demostrado que ni siquiera existe un observador neutral, porque su sola presencia, o el hecho mismo de sentirse observado, nos afecta y nos influye.
Entre la influencia absoluta y su ausencia categórica existe por tanto una amplia zona borrosa, con fronteras permeables, donde los dos extremos emulsionan.
Y ¿qué decir de nuestros objetivos si no que resultan anidados como matrioskas? Nuestros sueños nos pertenecen y son relativamente constantes, pero el camino hacia ellos está jalonado con sub-objetivos a más corto plazo, que surgen de nuestros encuentros y de las oportunidades que nos brindan el entorno y aquellos que nos rodean. Proponer metas aceptables que dan ganas de alcanzarlas es por tanto una forma de activar una motivación. La mera capacidad de saber convertirlos en aceptable es una habilidad que actúa en ella.
Así se ve contestada la pregunta anterior: los factores no son exclusivamente endógenos y las metas tampoco son totalmente independientes de nuestro entorno.
Sin embargo si trazamos fronteras limpias a la motivación, hemos de concluir que es imposible motivar a los demás. En efecto, ni sus sueños ni los medios para que los alcance están en nuestras manos. Resulta por tanto imposible imponer la motivación o inyectarla como con una jeringuilla.
Pero resulta igual de imposible afirmar que la motivación es exclusivamente personal. Parte de nuestras metas así como de los factores que nos acercan a ellas proviene del exterior. El entorno nos moldea; McGregor decía que los demás nos forjan. Por tanto las dos afirmaciones son verdaderas aunque contradictorias, porque en materia de motivación, operamos en lógica borrosa en un campo cuyas membranas porosas determinan una zona que es ni negra ni blanca, como siempre se da el caso cuando hablamos de psicología humana.
Debemos admitir por consiguiente que no podemos hacernos cargo de la motivación de nuestros colaboradores, de nuestros colegas o de nuestro superior jerárquico. Esta queda en su poder. Pero debemos igualmente admitir que somos parcialmente responsables de la misma porque actuamos sobre ella permanentemente.
Resulta extraño notar que estos mismos ejecutivos que niegan la posibilidad de actuar sobre la motivación de los demás declaran a veces a oídos amigos, lo más a menudo en momentos de descorazonamiento: “ es increíble ver hasta qué punto algunos pueden cortarnos todas las ganas”. ¿no es esto reconocer una influencia externa sobre la propia motivación?
En un equipo, todos – líder incluido – son corresponsables de la motivación de todos. Y a la vez, nadie puede escudarse en los demás para escabullirse de sus propias responsabilidades en su actitud.
sep
24

Tener personal motivado e implicado se ha convertido en el reto principal del management. Lo bueno es que, implícitamente, supone el reconocimiento de que una de las claves esenciales de la competitividad y de la evolución de las empresas se debe a su personal. Hace tiempo que estas palabras se habían incorporado a los discursos, pero ahora las empresas se han dado cuenta de que dar coba no basta para implicar a la gente.
Los managers están, por tanto, buscando las teclas y palancas que puedan activar las ganas y estimular la participación voluntaria. Pero en su búsqueda siguen los mismos patrones, pisan las mismas huellas y aplican para solucionar los problemas la misma forma de pensar que los ha creado.
Tener personal motivado no se debe a algo que tenemos que aplicar a los trabajadores, como pegar un martillazo para enderezar una chapa o añadir azúcar al café para endulzarlo.
La motivación es un proceso complejo (léase multifactorial) que involucra a todo el sistema organizativo. En términos generales, les recomendaría que no pierda tiempo y dinero intentando motivar al personal. Con que aprenda a dejar de desmotivarlo, ya tendrá suficiente.
La motivación es como una planta. Dele agua, luz y un terreno adecuado y crecerá de forma natural sin que Usted intervenga. La motivación es inherente al ser humano porque tener metas es tan necesario a su vida como el oxígeno a sus pulmones. El hombre siempre tiene metas. O le propone usted alguna por la que considere que vale la pena esforzarse, o encontrará a otras que no le beneficien tanto a usted.
Las metas, los retos aceptados, los desafíos consentidos, atraen tanto al hombre valioso como la luz a las mariposas. Si su personal no está motivado, identifique los focos de oscuridad. La oscuridad que se apodera de las organizaciones son agujeros negros capaces de absorber toda la luz cercana. Por tanta energía nueva que intente Usted añadir, tanta será capaz de absorber la oscuridad del sistema organizativo.
Si ha instalado la competitividad entre su personal como medio para impulsar a mayores esfuerzos, no me cabe duda de que lo habrá conseguido. Pero serán esfuerzos enfocados a la supervivencia individual, a disimular zancadillas fingiendo ayudar, a esconder información a los rivales, a complacer al jefe más que a cumplir con los intereses de la empresa. Es decir esfuerzos que, a su firma, no le benefician en nada. Solamente la cooperación y las sinergias nacidas de ella pueden ayudarle. Los rivales están fuera, no dentro. A los que hay que dividir para vencer, es a la competencia, no al personal.
Si practica la Dirección por Objetivos individuales, puede estar seguro de que sus empleados alcanzarán sus objetivos. Y por “sus objetivos”, entiendo los suyos propios, no los de Usted. Habrá conseguido disponer el cuadrilátero adecuado para favorecer la rivalidad, la preocupación por hacer perder al “compañero” y, en general, hacer que el personal se preocupe más por su propio pellejo que por sacarle las castañas del fuego.
Si llega a los objetivos marcados, su personal hará como el perro al que hoy le sobran huesos para roer; los esconde enterrados por si mañana llegara la hambruna. Son esfuerzos, por tanto, que se pondrán en el congelador organizativo en lugar de ser aprovechados hoy. Habrá motivado a sus trabajadores, ve como al final, sí que es posible. Pero los habrá motivado a velar por sus propios intereses en lugar de los de Usted.
Los hombres no están constituidos de cables y engranajes. No responden a impulsos mecánicos ni eléctricos. Es cierto que, poniendo la suficiente presión como para que su supervivencia o su seguridad quede en entredicho, castigando sistemáticamente su creatividad, sus iniciativas y sus inquietudes, es posible conseguir de ellos comportamientos más propios de robots sin estados de ánimo. Pero los robots no tienen motivación. Sólo ejecutan al pié de la letra, inclusive si se les pide que eche fuego a la empresa.
Ya sé, hay una nueva moda en el management que consiste en repetir que cada uno es libre de elegir su actitud y que es dueño de su propia motivación. Resulta bastante cierto, aunque con matices. Pero no se imagine Usted que esto significa que le podrá perseguir si no elige la actitud que a Usted le gusta, o si su motivación va por derroteros divergentes a los de Usted.
Creerlo le llevaría a reforzar todos los errores que le han llevado a esta perjudicial situación. El trabajador es responsable de su motivación, de acuerdo, pero es la responsabilidad de Usted y de su Organización de que esta motivación les resulte beneficiosa.
sep
20
¿Puede un libro sobre calidad esconder un libro de filosofía?; ¿puede un libro de filosofía ser el palimpsesto de un libro sobre calidad? Al leer la Quinta Perspectiva, de Jordi Cabré, opino que, afortunadamente, sí. ¿Qué sería la ciencia sin la consciencia?, preguntaba Rabelais.
En su obra, el autor rompe convincentemente unos cuantos dogmas del management, como el que la competición sería el camino hacia el éxito, o los beneficios el objetivo de una empresa.
Discípulo de Edwards Deming – el afamado responsable del milagro industrial japonés – Jordi Cabré nos expone sus ideas esenciales a través de cuatro perspectivas para sostener el management: pensar sistémicamente, comprender la variación, buscar el conocimiento y tomar en cuenta la psicología humana. Pero añade una quinta, la más importante: la capacidad de integrar las cuatro anteriores en un Conocimiento Profundo.
En este sentido, la Quinta Perspectiva restaura lo que Descartes desmembró. Desde él, la ciencia se ha ido rompiendo a pedazos, se estudia el cerebro en una facultad y el pensamiento en otra, como si no fuesen dos caras de la misma realidad. Y así también ocurre en las fragmentadas ciencias del management. Alguien dijo una vez que un especialista es aquel que sabe cada vez más sobre un campo cada vez más reducido, hasta conseguir saberlo todo, pero sobre nada. La Quinta Perspectiva nos explica que el Conocimiento Profundo no se consigue sabiéndolo todo desde cualquier perspectiva, sino siendo capaz de enlazarlas y conexionarlas todas. Algo que A.E. Van Vogt llamaba Nexialismo.
La lectura de la Quinta Perspectiva me parece indefectible para cualquier manager interesado a dejar entrar frescura en las doctrinas anquilosadas del neotaylorismo.