Jul
7
By MHC
Categories: Sin categoría
Tags: dirección de personas, management, organización, personal, reciprocidad
Jul
7
La receta “Compromiso + Orientación al logro + Tolerancia a la frustración” se nos está presentada como patrón y fórmula mágica de los trabajadores con talento, estos mirlos blancos cuya veda se acaba de declarar abierta y que podrían ser la salvación de nuestras poco competitivas empresas.
Quejarse de la falta de compromiso de su personal suele ser una constante por parte de las organizaciones, y hay que reconocer que están acostumbradas a echar la culpa de sus males a las víctimas de su mala gestión: si los empleados sufren estrés, culpa de ellos por no saber gestionarlo adecuadamente; si se sienten frustrados, culpa de ellos por tener poca resistencia a la frustración; si no están comprometidos, culpa de ellos por carecer del necesario talento para formar parte de la organización; y si carecen de talento, iremos fuera a buscarlo, lo mimaremos y dejaremos que se pudra la gente que ya tenemos.
Sí, hay carencia de compromiso, pero no queda nada claro si es – como pretende el management – una característica intrínseca de los trabajadores o bien la consecuencia de la manera en que se lo dirige. ¿Alguien se ha preguntado por ejemplo lo grande que han de ser la capacidad de compromiso y la tolerancia a la frustración de los empleados para aguantar los sinsentidos y los absurdos que una organización empresarial desfasada les impone?
Prácticamente todos los manuales valoran como destacada cualidad el saber admitir los propios errores y plantear nuevos caminos. Es una virtud que el management exige de su personal, pero de la que él mismo carece. El modelo que utiliza fue desarrollado con los conocimientos científicos de finales del siglo XIX y aplicado a partir de una situación específica de principios del XX en los EE.UU. A pesar de que estamos en el XXI, el management se muestra incapaz de admitir que la situación ha cambiado completamente e integrar los descubrimientos científicos que aparecieron unos cincuenta años después de que Taylor formalizara su modelo.
Los tecno-managers hablan de los trabajadores como si de alguna raza alienígena inferior se tratara. “Los trabajadores son así” dicen antes de achacarles una interminable lista de lacras que va desde vagos, irresponsables y mentirosos hasta egoístas, ladrones, y desagradecidos. Confieso que me quedo desconcertado ante la misantropía que representa la expresión de tanta indiscriminada crítica. En efecto, los trabajadores que pueblan las empresas son también nuestros vecinos, los padres que llevan a sus hijos en los mismos colegios que nosotros, los que encontramos en el supermercado empujando el carrito, que acuden a ver las mismas películas que nosotros los viernes por la noche, que cruzamos en la bolera, en la terraza de los cafés o en la sala de espera del médico, que se ponen morenos en las mismas playas y hacen cola en las mismas ventanillas.
Y resulta que toda esta gente (algunos de nuestra propia familia) – que trabaja y constituye la mayor parte de la población del país – sería descastada, displicente, escabullida, maleante, indigna de toda confianza, y que sólo una estrecha vigilancia podría permitir sacar algo positivo de ellos.
Todo menos sospechar que algo huele a podrido en el Estado del Management. Tanta constancia en el error sería digna de admiración si no fuera por los dolores y desolaciones que provoca.
Para no oír voces discordantes, el tecno-management ha blindado sus dogmas. Ha construido un catecismo completo, que universidades y escuelas de negocios se encargan de propagar, siempre atentas a la ortodoxa conservación de la doctrina y a frenar toda introducción de teorías que podrían replantear la fe genuina. Es cierto que el management sabe de branding, es decir de reempaquetado de la imagen de marca bajo envases y eslóganes aduladores. Aparecen así periódicamente “soluciones felices” acompañadas de cantos a la gloria del capital humano, pero que siguen basados en las mismas premisas: los empleados no valen un pepino ¿cómo manejarlos para sacar algo de ellos?
Que los axiomas en los que se basa el modelo de dirección del personal – hay tres – resulten incongruentes con la realidad, que sus teorías ignoren los descubrimientos y avances científicos posteriores a su elaboración, que los resultados que consiguen sean en el mejor de los casos preocupantes y más habitualmente dramáticos, esto no parece importar. Ya se sabe que cuando uno alcanza cierto nivel de ceguera cognitiva y que sus teorías discrepan con la realidad, pues: ¡mala suerte para la realidad!
La productividad y la competitividad de las empresas pasan por la competitividad de su personal. Lo saben o intuyen las empresas, pero su empeño en considerar a las personas como otros componentes de una gran máquina – y por tanto en emplear los mismos criterios y métodos de gestión que para cualquier recurso – es un contrasentido total. La optimización del componente humano en las organizaciones exige un cambio diametral de punto de vista. En lugar de preguntarse de qué manera las organizaciones podrían sonsacar más de sus empleados, han de preguntarse cómo pueden aportarles valor. El crecimiento requiere instaurar la reciprocidad como paradigma de base. Yo gano si tú ganas. Reciprocidad y consideración. Como lo demostró McGregor, las personas nos comportamos tal como nos sentimos tratados, y la respuesta a la misantropía es el desenganche y la indiferencia.
MHC
Jun
24
Bajo este título (Dirigir personas en el siglo XXI: un sistema innovador), tuvo lugar ayer 23 de junio la conferencia de Michel Henric-Coll en la sede de la Escuela de Negocios-CEU organizada por Aedipe CV y HC&A Business coaching con la colaboración de CEU Escuela de Negocios y Santiago consultores.
Tras la presentación realizada por José María Traver, presidente de Aedipe, Michel Henric-Coll nos planteó la necesidad de cambiar nuestro sistema actual que no satisface a nadie y es insostenible por otras soluciones sostenibles que, enterrando a Taylor, pasan por nuevos paradigmas, una nueva estructura y una solución progresiva: cómo fractalizar la empresa.
Tomando como metáfora “El caballero de la armadura oxidada”, de Robert Fisher, y aplicándola al mundo empresarial…
Jun
20
Si no habéis leído recientemente pronósticos sobre cuál será la evolución de los Recursos Humanos o participado en alguna encuesta o debate en la que os piden los vuestros, es que no estáis en este planeta.
Esto de pronosticar tendencias entraña bastantes riesgos de ser capcioso. En efecto, pronosticar es intentar prever lo que va a ocurrir, pero el riesgo consiste en confundir el pronóstico con lo que sería bueno que ocurriera, y con lo que es necesario que ocurra. Es obvio que no es lo mismo pronosticar que mañana una tormenta arrasará las costas que considerar que esto sea bueno o deseable.
No obstante, los pronósticos en materia de tendencias económicas o laborales se convierten muy fácilmente en profecías autocumplidas, porque de tanto repetirse los pronósticos, terminamos considerándolos como la línea a seguir. Si el pronóstico es que los corderos van a tirarse por el precipicio, terminamos organizándonos para saltar con ellos en lugar de estudiar cómo prevenir el salto.
¡Anda! Ahora pido a gurús y blogueros que juntos, pronostiquemos que en la segunda década del siglo, la tendencia será que las personas claves de las empresas serán las que sepan latín.
Si se repite lo suficiente, las escuelas de negocios y las universidades incorporarán el latín en sus asignaturas; las consultoras buscarán colaboradores que dominen el latín; los medios de comunicación confirmarán las tendencias del mercado, eliminando las últimas dudas agnósticas; los caza-talentos abrirán la veda a los latinistas, y en poco tiempo, aquel que no sepa latín no tendrá la menor oportunidad de encontrar un puesto directivo. Así se confirmará lo listos que fueron aquellos que supieron discernir la tendencia antes que nadie. Pero ¿de verdad sirve el latín para salvar a las empresas? ¿Alguien se lo está preguntando? Sobre todo que hay dinero que ganar vendiendo latín…
Vamos a ver, ¿cuáles son los pronósticos que circulan en nuestras fechas? Que el talento será un bien escaso, que la gestión por competencia será el modelo imprescindible y que todos los empleados serán medidos en tres dimensiones en cuanto a su contribución personal al rendimiento del negocio.
Cuanto más consideremos que el talento es un bien escaso que hay que buscar con el empeño de un “Forty-niner” y tan precioso como un diamante de la De Beers, más se convertirá en realidad. Se descuidará y menospreciará aún más al resto de trabajadores, se aumentarán los agravios comparativos entre Los Elegidos y el Servum Pecus, y se comprobará que menos mal que nos habían avisados de contratar y mimar a los “Talentos”, porque ya no hay quien pueda con el resto de los empleados.
La Gestión por Competencias (excelente en cuanto a competencias técnicas) habrá terminado por acaparar también las habilidades psico-sociales y querrá adecuar cada empleado con el perfil ideal, que comporta 256 items, entre los que cuenta la comunicación asertiva (capacidad para tratar amablemente al jefe cuando este te manipula abiertamente o te recuerda que aquí manda él) y la resiliencia. La resiliencia es la capacidad de recuperarse después de que te han apaleado. Así, si te afecta que la Organización te putee repetidamente, te mandarán a desarrollar tu competencia en resiliencia, lo que resulta más cómodo que esperar que el Sistema deje de tratarte como un zote engranaje de la gran máquina titiritera.
Se medirá la capacidad de Heroísmo Laboral de cada uno (vete a saber con qué unidad de medición) y podremos enviar a los desmañados a seminarios de desarrollo de la Capacidad de Sacrificio (dónde cohabitan el modelo formativo Azteca con el método de los Mártires Coreanos). En serio: en una conferencia hace un par de semanas, el ponente afirmaba que la salida de la crisis exigía que el personal reaprendiera las virtudes del sacrificio.
Como el ser humano habrá sido despojado de lo que lo hace humano, estará convertido a un conjunto de números lo cual, hay que admitirlo, resulta mucho más cómodo para confiar su gestión a programas de ordenadores. Esto en un futuro cercano, porque supongo que más adelante podremos codificar la cadena ADN de cada empleado, lo que será un paso de gigante hacia un mundo perfecto y feliz. No necesitaremos formación en habilidades sociales (siempre aventuradas) puesto que una manipulación genética será más científica. Para la clonación del empleado ideal, supongo que habrá que esperar un poquito más.
Confieso que estos escenarios me dan sudores, pero quiero dejar algo claro de mis pensamientos: la sociedad necesita a las empresas y que estas ganen dinero, generando riquezas porque todos vivimos de ellas.
Pero al mismo tiempo, las empresas necesitan a la sociedad y a quienes la conforman. No olvidemos que la sociedad está formada en mayor parte de los consumidores y trabajadores. Ergo, lo que es malo para la sociedad, es malo para las empresas. Esto de esperar ganar haciendo perder a la sociedad es un absurdo. Por eso las empresas han de entender que las personas no se pueden gestionar como si fuesen recursos inanimados o desalmados, hay que dejar de inventar parches para mantener un modelo de gestión obsoleto e integrar el componente humano en la dirección del personal.
“Cartago delenda est” decía el viejo Catón en cada una de las sesiones del senado, Cartago ha de ser destruida. El taylorismo ha de ser destruido, repito yo.
MHC
Jun
16
Aedipe y el CEU San Pablo presentan una conferencia de Michel Henric-Coll el miércoles 23 junio.
La primera parte portará sobre los mitos y leyendas del país del management, que llenan de paradojas la dirección de personal y convierten toda propuesta de buenas prácticas en meros deseos piadosos.
La segunda parte presentará el modelo fractal de organización, alternativa sostenible al taylorismo imperante, con sus nuevos paradigmas – el conjunto de creencias y costumbres que rigen la empresa – y una nueva estructura, es decir la arquitectura que relaciona y organiza todos los componentes.
Miércoles 23 de junio de 9 a 12 horas, Escuela de Negocios CEU San Pablo, calle del Almudín nº1, 46003 Valencia. Entrada libre
Jun
3
El CLUB DE RR.HH. de Castellón organizó el pasado martes 1 de junio su conferencia-taller mensual, de la que tuve el placer de ser el ponente.
El tema – y diría, obviamente – portaba sobre el desafío que constituye la dirección y gestión de personal en este principio del siglo XXI. Creo que muy poca gente sigue dudando de que el sistema actual no nos lleva a ninguna parte, que no es sostenible, y que la crisis detrás de la crisis es precisamente la del management de personas.
En esta conferencia, pude explicar cuáles son los errores graves que sostienen el modelo desfasado y nocivo actual, demostrar por qué son errores y proponer soluciones alternativas viables.
La acogida del público fue extremadamente positiva, lo cual nos deja ver una vez más que la mayoría de los responsables de RR.HH. son plenamente conscientes de que el modelo falla y están esperando ansiosamente soluciones verdaderas (y no repintados de los valores equivocados que nos han llevado hasta aquí).
La próxima conferencia estará organizada por la asociación AEDIPE y tendrá lugar el miércoles 23 de junio de 9 a 11:30 horas en la Escuela de Negocios CEU, calla del Almudín, 1, 46003 Valencia.
Mhc
May
24
El Club de Recursos Humanos de Castellón y la Universidad Jaume 1º presentan el martes 1 de junio a las 17 horas una conferencia taller de Michel Henric-Coll sobre el modelo organizativo de gestión fractal, una solución para el siglo XXI.
Más datos e inscripciones en http://www.clubrrhh.org/
May
11
Sobre costos y reducción de costos, hay abundante literatura, tanto en librerías como en Internet. Sobre que no se trata de reducir los costes totales sino los costes por unidad de ingreso, también se han escrito muchos y buenos artículos. Por tanto, no pretendo añadir más zumo de teclas al mismo brebaje, sino abordar el tema por otro lado, el humano como no era de extrañar.
Una de las formas básicas de reducir costes consiste en estandarizar los procesos. Hasta constituye la tercera regla del método Kaizen, que define los estándares como la mejor forma de realizar el trabajo.
He tenido ya la oportunidad de comentar en “Las falacias del tecno-management” que la existencia de una mejor forma de hacer el trabajo, que constituye uno de los principios básicos del taylorismo, es un mito. Es cierto que algunas tareas – en particular si hablamos de tareas fragmentadas y susceptibles de ser mecanizadas – admiten una mejor forma de hacerlas, pero del mismo modo que un montón de notas juntas no son una sinfonía, la suma de las tareas no son el trabajo, ni se puede erigir el “one best way” en verdad universal.
La fragmentación de las tareas y la estandarización constituyen un empobrecimiento del trabajo, y es cierto que puede llegar a ser una ventaja para aquellas que pueden mecanizarse. Pero ¿qué ocurre cuando el trabajo ha de ser realizado por personas?
La fragmentación en procesos estandarizados impide, o por lo menos restringe seriamente, el trabajo en equipo y por tanto las sinergias. Puede permitir un trabajo en grupo, pero no en equipo puesto que entre sus claves más importantes figuran la autonomía operativa y la autorregulación. Pretender trabajar en equipo con procesos fragmentados, especificados e individualizados releva del mito de Frankenstein, quien pretendía crear la vida cosiendo juntas partes de cuerpos.
La estandarización de los procesos cuando los tienen que realizar personas tiene otras consecuencias problemáticas. El empobrecimiento resultante provoca que los empleados pierdan motivación e interés por el trabajo. Por una parte porque un trabajo pobre no es gratificante para nadie, por otra porque al no permitir que se sientan corresponsables de un proyecto común, ni vean la globalidad de lo que hacen, ni tengan la sensación de logros, su trabajo carece de sentido.
Los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. (Albert Camus, El mito de Sísifo)
La repetición mecánica de una tarea despojada de sentido provoca, a su vez, pérdida de atención y concentración con la misma inexorabilidad que el conducir durante horas en una autopista desierta. Fuente de errores – o accidentes – desde luego.
Además, los empleados se vuelven más preocupados por el respeto de los procesos que por los resultados. Cuando se enseña a alguien a no pensar y que se le castigue por salirse de las normas, aprende que en lugar de involucrarse con las metas, le resulta personalmente más provechoso evitar los reproches. Es el muy típico fenómeno de escudarse detrás del estricto cumplimiento de las normas para no tomar responsabilidades ni iniciativas. Cuando la organización se basa en manuales de procesos precisos y detallados, un trabajo mal hecho respetando las consignas es mucho más seguro que arriesgarse a un mejor resultado saltándosela.
Al ejecutar un trabajo despojado de su lado humano, los trabajadores pierden toda la variedad propia de la creatividad y capacidad de adaptación humana. Por un lado, se les pide que tengan implicación, iniciativa y fomenten ideas de mejora, por otro se les obliga a seguir estrictamente procesos diseñados por otros sin propasarse. Obviamente, es encerrarles en una paradoja que, como bien se sabe, es un excelente camino para volver loca a la gente.
La pérdida de variedad sistémica[1] genera una pérdida equivalente de adaptación a los cambios. Todo cambio, en efecto, va a requerir que la información percibida en el terreno suba la pirámide hasta llegar al nivel que tiene autoridad para rediseñar procesos, luego que se estandaricen y vuelvan por fin al lugar en el que se van a aplicar.
En el mejor de los casos, las soluciones llegan con un costoso retraso. En el peor, llegan como los caribinieri del opera de Offenbach, siempre tarde, cuando las condiciones han vuelto a cambiar haciéndola inútiles. Se trata de un sistema burocrático jerarquizado que, por definición misma, es antiproductivo.
Por tanto, es conveniente dejar de reducir costos cuando al hacerlo convertimos a los trabajadores en meras máquinas. La competitividad de las empresas, también se ha dicho hartas veces, es función directa de la competitividad de su personal, la cual es inversamente proporcional a la vaciedad con la que se define su trabajo.
Leyenda: Cuando la reducción de costes se consigue empobreciendo el trabajo, la competitividad baja a la zona de deshumanización y el rendimiento total es inferior al que sería con costes mayores pero aprovechando el trabajo en equipo así como las propiedades humanas. Como resultado, la competitividad de la empresa disminuye.
Michel Henric-Coll
Abr
26
El uso, o mal uso de Internet por parte de los empleados está a la orden del día. No hay ninguno en que no salgan ejemplos de trabajadores que malgastan el tiempo y los medios de la empresa para conectarse a Facebook, animar su blog, o navegar por sitios indebidos.
Prohibir, o no prohibir el uso de Internet a los empleados parece ser la cuestión.
Se culpa mucho a la irresponsabilidad de los empleados, pero estoy convencido de que el problema de la actitud ante Internet y de su uso indebido está en grandísima parte provocado por el sistema organizativo actual.
El modelo de dirección de personas se basa en la centralización y la individualización. El control, las evaluaciones, la asignación de tareas, todo procura realizarse desde un órgano central de mando. Como consecuencia, no hay mando de proximidad, ni trabajo en equipo, ni autorregulación de los equipos.
Cuando digo que no hay trabajo en equipo, es porque por mucho que se le ponga la etiqueta de equipo a un grupo de trabajadores, si no dispone de acceso a la información sobre sus objetivos globales, de sus indicadores de rendimiento, del poder de autorregulación y de definir sus propios procesos, no podrá funcionar mucho tiempo como un verdadero equipo. Y una de las cosas que no tendrá, es la presión de conformidad que ejercen los miembros de un equipo con respecto a los demás.
En un (verdadero) equipo, los miembros ejercen un control recíproco sobre ellos mismos porque todos asumen que el trabajo de cada uno depende del de los demás. En una agrupación de individuos (como en el modelo taylorista actual), cada miembro del grupo es cómplice de los demás y estos le cubren a él las espaldas. Las responsabilidades colectivas no existen, o bien poco.
En la organización fractal (Fractal Teams), la implicación de cada miembro con los objetivos del equipo, el hecho de que cada uno contribuya a los planteamientos estratégicos y a la regulación del equipo, hacen que la responsabilidad colectiva esté estimulada y que los que intentan escaquearse se vean reprimidos por sus compañeros. Habiendo una cultura de victoria colectiva, también la hay de responsabilidad colectiva en lugar de una cultura de sálvese quien pueda.
La gestión individual y centralizada propia del modelo del tecno-management actual, asociada a una deshumanización laboral de los empleados, fomentan lo que reprocha y se verá condenada cada vez con mayor fuerza a ejercer controles y prohibiciones. Más peso sobre la tapa de la olla de presión. Pero ¿cómo pueden imaginar las empresas que esto les beneficia?
Abr
7
En su excelente blog, Juan Carrión pregunta por qué en la dirección de personal, tienen más éxito las teorías ingenieriles que las humanistas.
Estamos ante el eterno enfrentamiento entre lógica difusa vs lógica determinista, intangible vs tangible, potencialidades vs actualidad medible. Enfrentamiento que ha alimentado muchas discusiones entre los del marketing y los de finanzas por ejemplo (“Yo, señor Marketing, puedo decirle exactamente y al céntimo cuanto nos va a costar su proyecto y se lo puedo firmar ¿puede Ud. hacer lo mismo en cuanto a los futuros beneficios que reportará?”). Los ingenieros creen en un mundo cartesiano y lo quieren hacer extensivo a todo lo que les rodea. No corresponde a la realidad del ser humano, pero ya se sabe, cuando las teorías de algunos discrepan con la realidad: mala suerte para la realidad.
No son más que 3 o 4 los axiomas que conforman la Fe empresarial que habita a los grandes capitalistas y a los altos directivos que contratan, fe cuyo catecismo llena bibliotecas y cursos de las Grandes Escuelas de negocio. Pero estos principios son auténticos cerrojos para que lleguemos a un cambio significativo en materia de gestión y dirección de personas.
Surgen permanentemente desde la gente de RR.HH. propuestas nuevas (aunque la mayoría repintadas), ungüentos y bálsamos, pero existen dos barreras que impedirán siempre el cambio hacia un modelo más eficaz y sostenible: las creencias erróneas de los tecno-managers y la presencia de una estructura organizativa que actúa como un corsé, o una armadura oxidada, y no deja mover ni respirar.
Para complicar las cosas, la mayoría de aquellas personas que deberían provocar la toma de conciencia y el convencimiento de la dirección – quiero decir los directores de RR.HH. – han renunciado a su misión y a su especialidad en personas para venderse a las teorías ingenieriles que asimilan el ser humano a una máquina sin sentimientos ni pensamientos propios.
Si los que deberían saber cómo son y funcionan las personas han adoptado el lenguaje y las teorías de los directivos ingenieros para ser aceptados por ellos ¿quién defiende entonces en las altas esferas la humanidad que nos habita? (y que consta que no escribo ‘a los empleados’, porque me refiero a toda la empresa así como a la sociedad, que está mayoritariamente poblada de trabajadores).
Por mi parte, he denunciado las falacias y los mitos del tecno-management en este libro, y he propuesto un modelo nuevo y sostenible en este otro. Pero como dice el refrán, si buscas enemigos, propón un cambio.
Mhc
Mar
24
La palabra liderazgo (y por extensión líder) debe de ostentar el récord Guiness de palabras polisémicas.
Más aún que camaleón, es un pulpo transformista que cambia de acepción según el fondo sobre el que se le coloca.
Escurridiza como una anguila, la palabra liderazgo se nos escapa del discurso cuando intentamos apretarla. Los magos del management ya no dicen “ilusión, todo es ilusión”, sino “liderazgo, todo es liderazgo”.
Liderazgo es al management lo que el Ketchup es a la cocina Fast food, lo encuentras en todos los platos sin que nunca consigas saber qué sabor tiene por sí mismo.
Bueno, por lo menos todo el mundo parece estar de acuerdo: el liderazgo es bueno y hay que desarrollarlo. Ahora sólo falta que nos pongamos de acuerdo sobre lo que significa. Sólo esto, pero me parece que tenemos debate para rato.
Michel