Abr

26

By Michel Henric-Coll

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Vade Retro, Internet !

Vade retro internet

Vade retro internet

El uso, o mal uso de Internet por parte de los empleados está a la orden del día. No hay ninguno en que no salgan ejemplos de trabajadores que malgastan el tiempo y los medios de la empresa para conectarse a Facebook, animar su blog, o navegar por sitios indebidos.

Prohibir, o no prohibir el uso de Internet a los empleados parece ser la cuestión.

Se culpa mucho a la irresponsabilidad de los empleados, pero estoy convencido de que el problema de la actitud ante Internet y de su uso indebido está en grandísima parte provocado por el sistema organizativo actual.

El modelo de dirección de personas se basa en la centralización y la individualización. El control, las evaluaciones, la asignación de tareas, todo procura realizarse desde un órgano central de mando. Como consecuencia, no hay mando de proximidad, ni trabajo en equipo, ni autorregulación de los equipos.

Cuando digo que no hay trabajo en equipo, es porque por mucho que se le ponga la etiqueta de equipo a un grupo de trabajadores, si no dispone de acceso a la información sobre sus objetivos globales, de sus indicadores de rendimiento, del poder de autorregulación y de definir sus propios procesos, no podrá funcionar mucho tiempo como un verdadero equipo. Y una de las cosas que no tendrá, es la presión de conformidad que ejercen los miembros de un equipo con respecto a los demás.

En un (verdadero) equipo, los miembros ejercen un control recíproco sobre ellos mismos porque todos asumen que el trabajo de cada uno depende del de los demás. En una agrupación de individuos (como en el modelo taylorista actual), cada miembro del grupo es cómplice de los demás y estos le cubren a él las espaldas. Las responsabilidades colectivas no existen, o bien poco.

En la organización fractal (Fractal Teams), la implicación de cada miembro con los objetivos del equipo, el hecho de que cada uno contribuya a los planteamientos estratégicos y a la regulación del equipo, hacen que la responsabilidad colectiva esté estimulada y que los que intentan escaquearse se vean reprimidos por sus compañeros. Habiendo una cultura de victoria colectiva, también la hay de responsabilidad colectiva en lugar de una cultura de sálvese quien pueda.

La gestión individual y centralizada propia del modelo del tecno-management actual, asociada a una deshumanización laboral de los empleados, fomentan lo que reprocha y se verá condenada cada vez con mayor fuerza a ejercer controles y prohibiciones. Más peso sobre la tapa de la olla de presión. Pero ¿cómo pueden imaginar las empresas que esto les beneficia?

Abr

7

By Michel Henric-Coll

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Cyborg workers

ciborg

En su excelente blog, Juan Carrión pregunta por qué en la dirección de personal, tienen más éxito las teorías ingenieriles que las humanistas.

Estamos ante el eterno enfrentamiento entre lógica difusa vs lógica determinista, intangible vs tangible, potencialidades vs actualidad medible. Enfrentamiento que ha alimentado muchas discusiones entre los del marketing y los de finanzas por ejemplo (“Yo, señor Marketing, puedo decirle exactamente y al céntimo cuanto nos va a costar su proyecto y se lo puedo firmar ¿puede Ud. hacer lo mismo en cuanto a los futuros beneficios que reportará?”). Los ingenieros creen en un mundo cartesiano y lo quieren hacer extensivo a todo lo que les rodea. No corresponde a la realidad del ser humano, pero ya se sabe, cuando las teorías de algunos discrepan con la realidad: mala suerte para la realidad.

No son más que 3 o 4 los axiomas que conforman la Fe empresarial que habita a los grandes capitalistas y a los altos directivos que contratan, fe cuyo catecismo llena bibliotecas y cursos de las Grandes Escuelas de negocio. Pero estos principios son auténticos cerrojos para que lleguemos a un cambio significativo en materia de gestión y dirección de personas.

Surgen permanentemente desde la gente de RR.HH. propuestas nuevas (aunque la mayoría repintadas), ungüentos y bálsamos, pero existen dos barreras que impedirán siempre el cambio hacia un modelo más eficaz y sostenible: las creencias erróneas de los tecno-managers y la presencia de una estructura organizativa que actúa como un corsé, o una armadura oxidada, y no deja mover ni respirar.

Para complicar las cosas, la mayoría de aquellas personas que deberían provocar la toma de conciencia y el convencimiento de la dirección – quiero decir los directores de RR.HH. – han renunciado a su misión y a su especialidad en personas para venderse a las teorías ingenieriles que asimilan el ser humano a una máquina sin sentimientos ni pensamientos propios.

Si los que deberían saber cómo son y funcionan las personas han adoptado el lenguaje y las teorías de los directivos ingenieros para ser aceptados por ellos ¿quién defiende entonces en las altas esferas la humanidad que nos habita? (y que consta que no escribo ‘a los empleados’, porque me refiero a toda la empresa así como a la sociedad, que está mayoritariamente poblada de trabajadores).

Por mi parte, he denunciado las falacias y los mitos del tecno-management en este libro, y he propuesto un modelo nuevo y sostenible en este otro. Pero como dice el refrán, si buscas enemigos, propón un cambio.

Mhc