Oct
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Desembarcaron los extraterrestres. Eran máquinas, robots de muy avanzada tecnología, creados por generaciones de máquinas desde tiempo inmemoriales.
Cuando vieron a los humanos y observaron sus obras, se quedaron estupefactos. ¿Qué es lo que permite a estos pequeños seres torpones conseguir semejantes hazañas? se preguntaron. Alguna máquina más sabia o más avispada murmuró al oído de la Máquina Jefa que todo esto se debía a “la Vida”.
- ¿Qué es la Vida? preguntaron entonces los Doctores desde lo alto de sus erguidos engranajes.
- Algo que tienen los humanos. Poco sabemos de ella, pero sí que la Vida proporciona ilusiones y sufrimientos, pasiones y desilusiones, cariño y odio, y que el amor a la Vida les lleva a veces a sacrificarla en nombre de ciertos ideales.
- ¡Qué cosa más extraña! exclamaron los facultativos y académicos extraterrestres. Necesitamos imprescindiblemente comprender lo que es la Vida y cómo podemos controlarla.
Empezaron a “desmontar” y despedazar a algunos hombres, separando cuidadosamente cada órgano, cada tejido, cada hueso, pero la vida seguía quedando incomprensible para estos seres mecánicos.
Desguazaron a más hombres, muchos más, indiferentes a sus gritos, y aislaron no sólo órganos sino moléculas, que disgregaron a su vez en sus diferentes componentes. Como eran sabios y muy eficaces ingenieros, descubrieron el ADN y descodificaron el genoma humano, que representaron en maravillosos diagramas en tres dimensiones.
Pero la Vida continuaba a escapar a su entendimiento. La Vida, el amor, las pasiones, los anhelos y la capacidad de sacrificio, la mente y la espiritualidad, todo se les deslizaba entre las pinzas. Se elaboraron muchas teorías pero ninguna desembocaba en aplicaciones que funcionase y seguían sin entender a los humanos, porque seguían sin comprender la Vida.
Algún tripulante de estas naves, un simple tripulante con sentido común, preguntó un día cómo se esperaba comprender la Vida si en este intento, la estaban destruyendo.
Los Doctores alzaron los hombres despreciativamente. “Saber reducir la complejidad es lo que nos hace doctores”, contestaron.
Y algo así también ocurría en las empresas de la Tierra mucho antes que llegasen los invasores. Doctores Ingenieros que esperaban entender la forma en que funciona un sistema social fragmentándolo en sus más pequeños componentes con el efecto simultáneo de destruir lo que se esforzaban en controlar.
Mhc
Crédito photo: Marco Escobedo, http://www.flickr.com/photos/marcoescobedo/
Oct
6
Talento es la palabra de moda. La palabra ‘competencia’ se está poco a poco diluyendo. En cuanto a la palabra ‘gestión’ sigue flotando en la parte más alta del podio lexicográfico.
Hoy, todo se quiere gestionar: las emociones, los sentimientos, el estrés, las relaciones sociales (Community Manager es el concepto que sube en la bolsa, ya tiene sus Masters). Así que pronto necesitaremos gestionar las gestiones porque si no se nos van a desmadrar.
Pero ahora, el nuevo grial es el Talento. Sin olvidar la mayúscula por favor.
Lo primero que hay que hacer para implantar un concepto de moda es cambiar el sentido de la palabra si no, os quedaríais con un concepto un poco hueco reducido a una entrada en el diccionario de la RAE.
El Talento, tal como lo definen los catálogos de Pret-à-porter del management, es lo que uno puede, sabe y quiere hacer para la empresa. ¡Quiere! Dejemos claro que si no quieres, no tienes Talento. La gestión del Talento consiste, en breve, a mimar los que quieren aportarlo todo para la empresa y pasar de los demás. Y si tienes a uno de estos en tu compañía, debes reternerlo.
Para que me entiendas, retener significa crear agravios comparativos con los demás trabajadores, de manera que el Talento pueda darse cuenta de cuánto le quieres. Cuanto más llore el resto de la plantilla sobre el cariño perdido y más se sientan patitos feos, más habrás conseguido cuidar al Talento.
Si encuentras pocos ingenuos dispuestos a entregarlo todo para salir en la foto (aunque tiene premio, claro), no desesperes. Los expedientes X de la gestión del Talento contemplan que: ¡el Talento está allí fuera! Así que no pierdas tiempo intentando hacer de la empresa un lugar en el que los empleados quieran quedarse e implicarse, sal a la caza y captura del Talento.
Necesitarás sin embargo algo para procurar que los que no son Talentos sigan produciendo para ti. Fíjate bien que se dice “ser Talento” y no “tener talento”. Tener talento sería tener “capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación”. Pero eso es la definición de la RAE que, como bien sabes, no nos interesa para nada. Uno ES Talento cuando utiliza sus aptitudes para la empresa. Si lo tienes, lo mimas, si no, lo buscas fuera.
Uno podría preguntarse: ¿por qué no intento convertir un talento-según-el-diccionario en un Talento-según-los-Gurus del Management? Pues ¡piensa! Si no dices a la mayoría que son los malos ¿cómo van a pensar los otros que son los buenos? Elemental.
Pero volvamos al resto de los empleados, los que pueden tener talento pero no lo son. A ellos tienes que decirles que deben trabajar ¡en equipo! Esto es un concepto un poco nuevo que consiste en hacerse la zancadilla unos a otros para intentar ser el que más destaca por Talento por la mejor Gloria del jefe.
No te preocupes, todo esto está debidamente legitimado y certificado por la Organización Científica del Trabajo, parida por mister Taylor hace un siglo. Se basa en fomentar el individualismo, crear competición interna y centralizar toda la información y el control. Si te decides, no olvides – es importante – propagar discursos populistas que ensalcen el trabajo en equipo, la colaboración y el respeto a las personas.
Claro que puedes decidir quedarte al margen de las modas y, en buen dinosaurio, preferir la rentabilidad, la productividad y la competitividad, tener visión a largo plazo en lugar de en los modelos de temporada, y creer en la evolución del personal como motor de la evolución de tu empresa. Puedes imaginar que el talento – como aptitud voluntaria potencial – es la cosa mejor repartida después del sentido común y opinar que en una empresa, el talento ha de ser colectivo o no será. Pero esto supondría dos problemas: uno ser considerado como anticuado y el otro estar haciendo lo que predicas, lo cual sí que sería realmente revolucionario.
Michel Henric-Coll
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