Sep

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By Michel Henric-Coll

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Frases hechas e ideas desechables

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La declaración de moda en los círculos del management, es que es preciso alinear los RRHH con las estrategias del negocio.

¿A qué se refieren con “estrategias del negocio”? Porque si – como considero correcto – las estrategias de RRHH forman parte de las estrategias del negocio, entonces la frase me parece tan recursiva como decir que una matrioska es una muñeca que contiene una matrioska.

En realidad, todas las estrategias deben estar alineadas entre sí. Todo cóctel de políticas requiere armonía y equilibrio entre los componentes. La de RRHH ha de estar alineada con las demás estrategias del negocio en la misma proporción que aquellas deben estarlo con ella.

Si no lo vemos así, es que entendemos alineada en el sentido de supeditada y queremos decir que la dirección de personas ha de estar subordinada a estrategias del negocio de la que no se considera formar parte. Esto, a parte de una mala recomendación, es una exhortación peligrosa.

Mala porque pretende extraer RRHH del conjunto estratégico para confinarlo en un nivel meramente operativo: el personal ejecuta, inclusive a nivel supuestamente directivo. Mala también porque, al eliminar la reciprocidad e interdependencia estratégica, cree divergencias y el negocio y el personal empiezan a andar por distintos caminos.

Peligrosa porque para evitar el desajuste, no queda más remedio que reforzar el autoritarismo, es decir la sumisión de la dirección de personal a las demás direcciones. Esto es un claro retroceso hacia el fordismo y, en el peor de los casos, un comportamiento feudal.

Las consecuencias empiezan por un deterioro de la efectividad y de los resultados, y a plazo llevan a una desagregación del sistema. El deterioro lo venimos observando desde que el management se ha convertido en una tecnología cartesiana deshumanizada: desmotivación, desimplicación, baja productividad, baja competitividad y consecuencias sociales dramáticas. Y no son supuestos paliativos como la mítica gestión del talento que podrían remediar tal fallo conceptual.

La empresa ha de ser vista como un sistema de componentes interdependientes cuyo objetivo de gestión es la optimización global y no el mayor rendimiento de unos en perjuicio de otros – y por ende del todo. Solamente aceptando crear sinergias entre capital, dirección y trabajadores se puede optimizar el conjunto. Y esto implica que todas las demás estrategias del negocio estén alineadas a su vez con estrategias adecuadas y rehumanizadas de personal.

Mhc