Nov
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Tags: dirección de personas, empresa, management, Modelo organizativo, personal, sentido
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El management construye un mundo ficticio, y se extraña de que los hechos, obstinadamente, le den la espalda.
Según la filosofía, la realidad es una construcción personal, un mapa que permite orientarnos. Pero independientemente de si la realidad es real(1), o si la hemos construido, es el mundo en el que nos toca vivir todos juntos. Por lo que más vale que tengamos todos el mismo mapa.
Y el que construye el management corresponde a otro planeta. Aquí, resulta falso.
El management representa el mundo en números. Pretende, equivocadamente, que lo que no se mide no se puede gestionar(2). No obstante, el mundo no es todo medible. Toda medición de lo inconmensurable nos proporciona una representación truncada. Distorsiona los hechos, despojándolos de su significado, amputándolos de una de sus dimensiones. Convierte una esfera en un círculo y los humanos en siluetas de sombras chinescas.
Las 4 dimensiones de la humanidad
A parte de las tres dimensiones del espacio, los seres humanos tenemos una dimensión espiritual. Las tres primeras son medibles, la cuarta no. Cuando se representa el ser humano con mediciones, se le amputa de la 4ª dimensión, es un mapa falso.
La dimensión espiritual (que no religiosa) es el Sentido de la Vida, la adhesión social, la pertenencia holística a una entidad superior: familia, equipo, empresa, nacionalidad, humanidad.
Esta dimensión no es medible pero es la que nos diferencia de las piedras, de las plantas y probablemente del resto de los animales. Cualquier modelo de management que no integre la cuarta dimensión se mueve en un universo ficticio.
Como tiene poder, se esfuerza en que todos los hombres que trabajan para él quepan en el patrón que ha construido. Con el poder suficiente puede pagar la deshumanización de su personal, peo al mismo tiempo tiene que asumir las consecuencias: ni las piedras ni los robots lloran pero tampoco se motivan, se identifican, luchan por ideales empresariales, ni mojan ninguna camiseta.
Los managers se pretenden racionales y son incoherentes. Deshumanizan a los trabajadores y, a la vez, les exigen cualidades exclusivamente humanas de implicación emocional e identificación con sus ideales. Atan grilletes a sus tobillos y exigen que corran.
Las empresas tienen los trabajadores que los teóricos del management han fabricado. Ni más, ni menos.
El management es un edificio construido sobre arena y que se tambalea, y como solución, sus gurús proponen redecorar los pisos. No es la decoración que falla sino los cimientos. Cuando se ha dejado la responsabilidad de la dirección de las empresas a las mentes de corte ingenieril y financiero, se la ha mutilado. O se vuelve a integrar la 4ª dimensión como componente esencial del management, o nos hundiremos en las arenas.
(1) “¿Es real la realidad?. Paul Watzlawick. ISBN 9788425410826
(2) ver mi libro Las falacias del tecnomanagement, o en mi web AQUI.
Nov
9

Estaba hablando recientemente con Pablo[1] y le comentaba que el obstinado enfoque de las empresas en bajar los costes era un tiro que les iba a salir por la culata y tornarse pronto contrario a lo esperado.
Pablo, en seguidor escrupuloso de la escuela de las finanzas, me replica: “Estás equivocado, Michel. Te lo voy a explicar y verás que lo vas a entender”.
Me encanta cuando me hablan así. Significa con otras palabras; eres un burro pero explico tan bien que hasta tú puedes enterarte. Continuó:
- Si el propósito es subir los beneficios, y lo es, entonces reducir los costes siempre los subirá.
- No es así, Pablo.
- ¡Hombre, si! Te lo demuestro. Los beneficios son lo que te queda de los ingresos tras deducirles los costes. O sea: B = I – C. Y cuanto menor sea C, mayor será B. Es matemática de parvulario.
- Bueno, no me atrevería a calificar tus mates de parvulario, pero no dejan de ser algo de primario. Permíteme usar la misma ecuación en otro ejemplo. Sea G tu nivel de gordura, C lo que comes y D lo que defecas. Entonces G = C – D, lo cual significa que para adelgazar, basta con defecar más de lo que se come.
- ¡Vaya! Tu ejemplo me parece muy nauseabundo, Michel.
- Posiblemente, pero a pesar del olor, queda claro. La solución contra el sobrepeso es barata: defecar más de lo que se come.
- Esto es absurdo. No se puede defecar más de lo que se come, por lo menos no más de dos o tres días.
- ¿Por qué?
- Sencillamente porque lo que defecas es función de lo que comes.
- Lo has dicho bien. Las variables no son independientes, sino que una es función de la otra, y lo mismo ocurre en tu ecuación de beneficios. Los ingresos son función de lo que gastas y de cómo lo gastas. Y salvo en el parvulario, no se puede decir nada sobre la tendencia de la ecuación B = I – C cuando C varía. Parte de los costes son superfluos, todos lo sabemos, pero la mayor parte de ellos son necesarios y una parte importante de ellos afecta a los ingresos, por lo menos a plazo. Lo que perjudica a las inversiones y de manera general a la satisfacción del cliente perjudicará a los beneficios pasado un tiempo. Es el caso de la formación del personal y de todas las reducciones que afectan negativamente a la motivación. A corto plazo parece funcionar, pero a medio es contraproducente.
- Como el comer y defecar.
- Eso es. Me alegro que lo hayas entendido.
Crédito foto: © Edgar Monkey – Fotolia.com