Nov
27
Nov
27

Esta semana, tuve el gusto de ser invitado por AINFOR (http://www.ainfor.com/) a una conferencia en la que Microsoft presentaba sus novedades de la gama 2010 en materia de intercambios de información dentro y fuera de la empresa (Exchange, Share Point…).
Lo que más me llamó la atención no fue en absoluto las maravillas que permiten las nuevas tecnologías en materia de intercambio y gestión de la información, sino la cantidad de cerrojos que prevé el software para impedir que el personal use estas tecnologías.
Se desarrolla y pone a disposición del personal de las empresas fabulosas herramientas de productividad, eficiencia y creatividad. En el mismo momento (y respondiendo en esto sin lugar a duda a las exigencias de las empresas clientas), se introducen limitaciones en todos los niveles del sistema.
Por ejemplo: el software incluye uno o varios puestos de controladores de las comunicaciones que podrán espiar absolutamente todas las comunicaciones electrónicas del personal. A cada persona se le puede asociar una lista limitativa de con quién está autorizado a comunicar y qué clase de cosas. Hay más ejemplos pero desbordan de este breve artículo.
Metafóricamente, las empresas dotan de coches a sus viajantes pero cuidan de poner su carné bajo estrecha vigilancia, procurando que nunca haya más de unos escasos litros de gasolina en el depósito (no vayan a ir mas lejos que la vuelta de la esquina), y que no se pueda cambiar las marchas más allá de la segunda (no vayan a ir más rápido que los que los controlan).
Las TIC han permitido reinventar el ágora griego y el forum romano, pero las empresas se apresuran a dividirlo en compartimentos estancos y protegidos para evitar interrelaciones descontroladas.
Si queremos considerar, como parece, la innovación tecnológica como prioritaria, más prioritario me parece aún el cambio del chip de los teóricos de gestión empresarial que permanecen aún en el siglo XXI con preceptos diseñados por Taylor hace cien años.
Hasta que comprendan que estos principios han quedado completamente obsoletos, poco podremos sacar de las nuevas tecnologías. La ley de Moore dice que ninguna tecnología puede ir más rápido que las mentalidades.
MHC
Nov
20

Lo que dicen de los trenes también es aplicable a las crisis, y si en estos momentos, la crisis financiera está en todas las bocas y acapara los noticiarios, no debería esconder a otra que puede ser igual de grave o más. Hablo de una crisis laboral latente basada en un desfase cada vez mayor entre la manera en la que se dirige a las personas en las empresas, y la realidad humana y social del siglo XXI.
Problemas generacionales
La generación de los Baby-boomers, nacida entre los años 1945 y 1965, se caracterizó por la búsqueda del éxito profesional dentro del respecto de las instituciones y de la lealtad hacia las empresas y la jerarquía. Esta generación creó la Sociedad de Consumo y creía en el éxito social.
La Generación-X, que la siguió, se caracterizó por su desilusión ante las promesas incumplidas del llamado progreso que no les aportaba garantía de mejora social, su escepticismo con respecto al futuro y una gran desconfianza hacia las organizaciones y las instituciones.
Aquellos que tienen ahora entre 20 y 30 años, y forman la llamada Generación-Y, han conocido más cambios que ninguna generación anterior. Sus miembros han sido marcados por una educación en la que se les consideraba capaces de ser informados y recibir explicaciones justificativas sobre las decisiones que les involucraban. Son testigos de que nada es para siempre en un mundo que se convirtió en global, que vio la caída del muro de Berlín, la explosión de Tchernobyl, el desarrollo de un instrumento de comunicación ilimitada como Internet, las redes sociales planetarias, y una imparable innovación tecnológica.
Vallas al campo
No se puede pretender poner vallas a su campo en forma de reglas ‘porque-sí’ a respetar, de costumbres a adoptar porque son ancestrales, de consignas a obedecer porque lo dice el jefe, y menos aún pedirles que crean en la planificación de un futuro del que lo único que tienen claro, es que es imprevisible.
Consumidores desde la infancia, han sido acostumbrados al poder elegir lo que quieren conseguir a cambio de su dinero, y pretenden lo mismo a la hora de comprar un trabajo con sus habilidades, formación y competencias. Educados en tener autonomía, no están dispuestos a aceptar una forma de trabajar que se la niegue. Criados en un mundo en que la información es la cosa del mundo más compartida (desde luego, ya no es el sentido común), no pueden admitir una organización del trabajo que les pida proveer información a un organismo central a cambio de no recibir ninguna, o la justa.
Quieren ser considerados como responsables, entender cualquier cosa que se les pida, disponer de autonomía, tener acceso a toda la información que desean y poder actuar sobre ella y sobre todo, invertir sus esfuerzos y talento en algo que tenga sentido para ellos.
Las organizaciones empresariales no están preparadas para ellos. Está claro que las viejas estructuras y sus representantes esperan poder lidiar con la nueva generación de trabajadores, pero están totalmente desamparados a la hora de dirigirlos: Están esperando que se les pase la enfermedad de juventud, sin entender que están ante un cambio sociológico profundo. Conforme los jóvenes de unos 25-30 años se hagan más mayores, no es que van a entrar en los moldes de sus jefes, sino que ellos van a ser los jefes de mañana.
Y no nos equivoquemos: la generación-C que está en el horno y tiene ahora menos de 20 años, será aun más radical que la Generación-Y. Se ha alimentado a las mismas fuentes, pero con mayor dosis aún.
Si las empresas no saben proporcionar a las nuevas generaciones un modelo empresarial en el que puedan invertir el entusiasmo y el optimismo del que disponen (a diferencia de la generación anterior), se desmotivarán y perderán tanto el uno como el otro. Si no empiezan desde ya a modificar sus modelos organizativos y sus paradigmas de dirección, van a crear una crisis que podría dejar la crisis financiera actual en ridículo. Porque si las empresas no tienen personal que se desviva por ellas, será peor que la falta de tesorería.
Nov
17

Para gestionar a los seres humanos, se necesita recurrir a ciencias humanas: la psicología, la sociología y la filosofía, ¡no la ingeniería!
Se dirige a las personas como si fuesen materia inanimada, del mismo modo en que se gestionan las herramientas de producción. El pensamiento empresarial actual, en su lógico y legítimo afán de racionalidad y eficacia, ha confundido las churras con las merinas y se ha olvidado por completo de que las personas – a diferencia de los productos o de las máquinas – tienen la molesta costumbre de pensar y sentir.
Es cierto que los especialistas en Recursos Humanos han venido desarrollando nuevas técnicas y nuevas teorías que constituyen importantes avances para adaptar la gestión de las personas a la realidad histórica en la que vivimos. Pero no sirve de mucho que el departamento de Recursos Humanos tenga visiones de psicología social si la dirección general y la junta directiva sólo creen en la ingeniería.
Todo paso hacia una dirección de personas acorde con su humanidad tropieza tarde o temprano con planteamientos de ingeniería que asimilan el trabajador a un producto, una materia prima o a una máquina.
Se enseña con perseverancia y anhelo en los masters y en las escuelas de negocios caminos adecuados para dirigir personas, pero las empresas toleran su aplicación como caprichos asumibles y sólo mientras se llega a una rentabilidad financiera acorde con las expectativas. Pero si cambian las condiciones de competencia, o las exigencias de los inversores (que suben como la nata), lo primero que se hace, es retirar los juguetitos a los de Recursos Humanos, cerrar el patio de recreo y aplicar criterios de ingeniería a rajatabla.
¿Queréis pruebas o un botón? Dejadme citaros a un alto directivo:
“Recursos Humanos es un proveedor de servicios. Los suministra exactamente como cualquier otro vendedor o proveedor de cualquier otro producto. Ha de garantizar a sus ‘clientes’ que el producto suministrado aportará los resultados deseados. A veces el producto da señales de disfunción. RR.HH. debe intervenir inmediatamente para establecer un diagnóstico y, según el caso, cambiar el producto o arreglar el problema. La idea de que el producto falla porque el ‘cliente’ no ha sabido utilizarlo es realmente una confusión”.
¿He de recordaros que cuando este directivo habla de producto, se está refiriendo a personas?
No es nada razonable esperar que seres a los que consideramos simplemente como un cuerpo que vive (como lo pretendía B.F. Skinner), se comporten de otra forma. El fallo no se sitúa en los niveles operativos, sino en el pensamiento directivo general, en el modelo jerarquizado y en imaginar que la ingeniería puede gestionar personas.
No cambiaremos con desarrollar teorías de Recursos Humanos, es el modelo mismo que hay que cambiar.
Michel Henric-Coll
Crédito imagen: www.trucoyfondos.com
Nov
11
Como las mariposas a la luz, el hombre se aliena al trabajo y termina a veces destruido por él. No puede prescindir del trabajo, lo necesita no sólo como fuente de dinero, sino también de sentido existencial, para realizarse a sí mismo.
El Ser se construye a partir de lo que uno hace, es a través de su obra que el hombre encuentra o refuerza su identidad, y el trabajo es dónde más oportunidades tiene de conseguirlo.
Si el trabajo no consigue aportar su parte de sentido, si por el contrario constituye un motivo permanente de sin-sentido, entonces el trabajo se convierte en tóxico. Un veneno del que uno no puede escapar, y que le atrapado en un doble-vínculo: no puede vivir sin él ni con él. Cuando se queda atrapado en la ratonera, no tiene otra escapatoria que la neurosis o apearse de la vida.
Debemos poder encontrar en el trabajo una aportación de sentido. Algunos lo llaman realizarse, otros sentirse útil, colaborar a un proyecto común, hacer lo que a uno le gusta, o vencer desafíos aceptados. Al fin y al cabo, es encontrar sentido en el trabajo. Uno de los 3 pilares de Fractal Teams.
Nov
9
Dedicar todos sus esfuerzos a la reducción de costes es una opción muy tentadora, pero no siempre la más acertada. Ni mucho menos.
Que se pueda conseguir un 15% (por ejemplo) de ahorro en determinados costes no significa que la estrategia sea correcta, sin embargo resulta – como dije – muy tentadora porque es numérica y que todo lo numérico nos proporciona una sensación de control y racionalidad.
No obstante, a la pregunta ¿qué necesita tu empresa para mejorar y crecer?, yo diría que la última cosa que necesita la empresa es centrarse en la reducción de costes.
¿Qué necesita un deportista para crecer, mejorar sus marcas y convertirse en un campeón? ¿Ahorrar costes, reducir las horas de entrenamiento (que tienen coste), comer menos, conservar las mismas zapatillas desgastadas que el año pasado, o la vieja raqueta que aún puede dar algo de sí, despedir el entrenador y pedir al vecino que le de algunos consejos gratis, viajar en autobús en lugar de en avión y llegar la mañana misma del campeonato para ahorrar una noche de hotel?
Las empresas son como los campeones. Para crecer hay que correr e invertir en energía. Dijo Orison Swett Marden que “más vale un céntimo bien empleado que un céntimo ahorrado”.
MHC
Nov
9
Las empresas deben aprender la reciprocidad con el personal. No sólo en las palabras, sino en los hechos, y no porque – según dicen los discursos – las personas sean lo más importante de las empresas, sino porque los beneficios son lo más importante. Pero los beneficios en su continuidad en el tiempo, y no como objetivo inmediato en perjuicio de la empresa, de sus propietarios, del sistema capitalista que fundamenta su existencia, de la sociedad misma, que constituye el entorno en el que viven y que les suministra recursos humanos en la forma de trabajadores y económicos en forma de clientes que, por cierto terminan siendo – directa o indirectamente - las mismas personas. Los empresarios tenemos que ser altruistas, aún cuando sea por puro egoísmo.
MHC
Nov
9

Ofrece un análisis riguroso y sin concesiones de los errores de las teorías actuales del Management del personal y de sus consecuencias. Demuestra cómo las teorías actuales de gestión de Recursos Humanos se basan en premisas de una engañosa apariencia racional y científica, descansan en falacias, mitos y aberraciones que son analizados con argumentos y ejemplos.
Nov
9

Recoge las bases teóricas y de aplicación del nuevo modelo de organización empresarial nunca publicado antes, sustitutivo del actual claramente obsoleto.
Nov
3
Bienvenido a WordPress. Esta es tu primera entrada. Edítala o Bórrala, ¡y comienza a publicar!
Así saluda el software cada vez que se instala un nuevo blog de WordPress:
¡Hola mundo!
No me parece mal como manera de empezar el presente blog, con un gran saludo al mundo, un saludo de esperanza de que las ideas desarrolladas y expuestas en Fractal Teams ayuden a mejorar algo en las empresas y en las relaciones de interdependencia entre propiedad y trabajadores en beneficio de la sociedad humana.
¡Hola mundo!
Mhc