Abr
7
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Tags: dirección, humanismo, ingeniería, personal, Recursos Humanos
Abr
7
En su excelente blog, Juan Carrión pregunta por qué en la dirección de personal, tienen más éxito las teorías ingenieriles que las humanistas.
Estamos ante el eterno enfrentamiento entre lógica difusa vs lógica determinista, intangible vs tangible, potencialidades vs actualidad medible. Enfrentamiento que ha alimentado muchas discusiones entre los del marketing y los de finanzas por ejemplo (“Yo, señor Marketing, puedo decirle exactamente y al céntimo cuanto nos va a costar su proyecto y se lo puedo firmar ¿puede Ud. hacer lo mismo en cuanto a los futuros beneficios que reportará?”). Los ingenieros creen en un mundo cartesiano y lo quieren hacer extensivo a todo lo que les rodea. No corresponde a la realidad del ser humano, pero ya se sabe, cuando las teorías de algunos discrepan con la realidad: mala suerte para la realidad.
No son más que 3 o 4 los axiomas que conforman la Fe empresarial que habita a los grandes capitalistas y a los altos directivos que contratan, fe cuyo catecismo llena bibliotecas y cursos de las Grandes Escuelas de negocio. Pero estos principios son auténticos cerrojos para que lleguemos a un cambio significativo en materia de gestión y dirección de personas.
Surgen permanentemente desde la gente de RR.HH. propuestas nuevas (aunque la mayoría repintadas), ungüentos y bálsamos, pero existen dos barreras que impedirán siempre el cambio hacia un modelo más eficaz y sostenible: las creencias erróneas de los tecno-managers y la presencia de una estructura organizativa que actúa como un corsé, o una armadura oxidada, y no deja mover ni respirar.
Para complicar las cosas, la mayoría de aquellas personas que deberían provocar la toma de conciencia y el convencimiento de la dirección – quiero decir los directores de RR.HH. – han renunciado a su misión y a su especialidad en personas para venderse a las teorías ingenieriles que asimilan el ser humano a una máquina sin sentimientos ni pensamientos propios.
Si los que deberían saber cómo son y funcionan las personas han adoptado el lenguaje y las teorías de los directivos ingenieros para ser aceptados por ellos ¿quién defiende entonces en las altas esferas la humanidad que nos habita? (y que consta que no escribo ‘a los empleados’, porque me refiero a toda la empresa así como a la sociedad, que está mayoritariamente poblada de trabajadores).
Por mi parte, he denunciado las falacias y los mitos del tecno-management en este libro, y he propuesto un modelo nuevo y sostenible en este otro. Pero como dice el refrán, si buscas enemigos, propón un cambio.
Mhc
Feb
24
Leí ayer un artículo en el que una consultoría famosa hace recomendaciones para, supuestamente, apoyar a la mermada competitividad de las empresas españolas, y confieso que me ha preocupado mucho.
Resulta extraño que las mejores recomendaciones para hacer un cambio significativo sean seguir haciendo lo mismo que antes, pero a mayor dosis. Del mismo modo, me parece bastante paradójico que la solución consista en dirigir las personas hacia la prioridad del negocio, a la vez que se declara y reconoce que la prioridad actual del negocio deberían ser las personas. Si admitimos que las personas son la clave para del negocio, enfoquemos el sistema a las personas, y el negocio mejorará como consecuencia.
Una vez más, el artículo topa con el viejo fantasma de la medición universal. “Medid y seréis curados”. Lo que ha llevado a la falta de productividad de los trabajadores es precisamente un modelo de dirección de personas que, entre otras ilusiones, se obstina en querer medir lo inconmensurable. Lo que caracteriza a lo intrínsecamente humano, es que no se puede medir. Para medirlo, hay que despojar a las personas de su humanidad y reducirlas a simples recursos de producción. Y aquí está el fallo garrafal del management supuestamente científico. Cualquier cambio hacia la competitividad implica restablecer a las personas en su realidad de persona.
Contrariamente a lo que afirma el artículo, opino que calcular los beneficios por empleado supone un retroceso importante en el camino hacia la competitividad, y no un avance. En efecto, la fragmentación, tanto de las tareas como de las personas, es una de los responsables de la ineficacia del método taylorista. Las empresas deben considerar seriamente que la clave radica en los equipos, y que los beneficios deben ser evaluados por equipo, y no por empleado. La individualización mata a la sinergia del mismo modo que mantener separadas las semillas, la tierra y el agua impide la germinación.
Los tecno-managers llevan años pretendiendo dirigir personas en base a teorías ingenieriles. No funciona, no satisface a nadie – ni a la dirección, ni a los empleados, ni a la sociedad – y como solución contra su fracaso, no tienen nada mejor que proponer que aumentar las dosis. Resulta dramático pensar que en las empresas, los que mandan en la dirección de personas no entienden nada de personas, y los que entienden de personas, no mandan nada.
Sí, las empresas españolas necesitan un cambio significativo. Necesitan admitir que las personas no pueden ser dirigidas como recursos físicos. La motivación no se decreta, la implicación no se programa en ingeniería de procesos, la identificación con la empresa no se consigue con un requisito normativo en un documento de descripción de puesto.
Los paradigmas que sirven de base a la gestión empresarial resultan totalmente desfasados y su estructura inadecuada para cualquier evolución. Hay que quemarlos como las fallas y construir sobre otras bases. Cambiar es innovar, no repetir lo mismo.
Michel Henric-Coll
Nov
17

Para gestionar a los seres humanos, se necesita recurrir a ciencias humanas: la psicología, la sociología y la filosofía, ¡no la ingeniería!
Se dirige a las personas como si fuesen materia inanimada, del mismo modo en que se gestionan las herramientas de producción. El pensamiento empresarial actual, en su lógico y legítimo afán de racionalidad y eficacia, ha confundido las churras con las merinas y se ha olvidado por completo de que las personas – a diferencia de los productos o de las máquinas – tienen la molesta costumbre de pensar y sentir.
Es cierto que los especialistas en Recursos Humanos han venido desarrollando nuevas técnicas y nuevas teorías que constituyen importantes avances para adaptar la gestión de las personas a la realidad histórica en la que vivimos. Pero no sirve de mucho que el departamento de Recursos Humanos tenga visiones de psicología social si la dirección general y la junta directiva sólo creen en la ingeniería.
Todo paso hacia una dirección de personas acorde con su humanidad tropieza tarde o temprano con planteamientos de ingeniería que asimilan el trabajador a un producto, una materia prima o a una máquina.
Se enseña con perseverancia y anhelo en los masters y en las escuelas de negocios caminos adecuados para dirigir personas, pero las empresas toleran su aplicación como caprichos asumibles y sólo mientras se llega a una rentabilidad financiera acorde con las expectativas. Pero si cambian las condiciones de competencia, o las exigencias de los inversores (que suben como la nata), lo primero que se hace, es retirar los juguetitos a los de Recursos Humanos, cerrar el patio de recreo y aplicar criterios de ingeniería a rajatabla.
¿Queréis pruebas o un botón? Dejadme citaros a un alto directivo:
“Recursos Humanos es un proveedor de servicios. Los suministra exactamente como cualquier otro vendedor o proveedor de cualquier otro producto. Ha de garantizar a sus ‘clientes’ que el producto suministrado aportará los resultados deseados. A veces el producto da señales de disfunción. RR.HH. debe intervenir inmediatamente para establecer un diagnóstico y, según el caso, cambiar el producto o arreglar el problema. La idea de que el producto falla porque el ‘cliente’ no ha sabido utilizarlo es realmente una confusión”.
¿He de recordaros que cuando este directivo habla de producto, se está refiriendo a personas?
No es nada razonable esperar que seres a los que consideramos simplemente como un cuerpo que vive (como lo pretendía B.F. Skinner), se comporten de otra forma. El fallo no se sitúa en los niveles operativos, sino en el pensamiento directivo general, en el modelo jerarquizado y en imaginar que la ingeniería puede gestionar personas.
No cambiaremos con desarrollar teorías de Recursos Humanos, es el modelo mismo que hay que cambiar.
Michel Henric-Coll
Crédito imagen: www.trucoyfondos.com