Sep

5

By Michel Henric-Coll

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En busca del grial (para salir de la crisis)

Sus prosélitos no saben muy bien cuál de estos chirimbolos ni cual de las nuevas teorías de los gurús de siempre serán los que nos rediman, pero sí que hay que seguir buscando, porque el grial está allí fuera, en alguna parte.

Grial

Gestionar ha sido tradicionalmente reproducir lo que se ha hecho antes. La planificación ha consistido fundamentalmente en correr los presupuestos hacia el futuro hinchándolos un poco más: algo más de inversión, algo más de ventas, algo más de resultados.

Inclusive en las llamadas empresas innovadoras la innovación se ha conseguido casi siempre reproduciendo los métodos de trabajo y los procesos creativos anteriores, adaptándolos simplemente a una proyección futura considerada como razonable. Las cuentas de explotación previsionales de la innovación se escriben principalmente en un escenario de continuidad y casi nunca en uno de ruptura. Y cuando no es la propia empresa que se abriga en la seguridad de lo conocido, son las fuentes de capital – siempre huidizas del menor riesgo – las que obligan  a una postura conservadora so pena de ver el proyecto descartado.

Paralelamente a este entumecimiento, los avances en la tecnología de la información han permitido desarrollar extraordinarias herramientas que hacen soñar a algunos con una organización totalmente estructurada y controlada por las TIC, cuyas asombrosas capacidades les proporcionan una gran ilusión de eficacia.

En consecuencia, los empleados – y los departamentos de RR.HH. – se han ido amoldando paulatinamente a una organización y arquitectura concebidas por y para una herramienta tecnológica. Se ha creído que ésta era capaz de entender y manejar la complejidad humana, y que los sistemas ingenieriles podían sustituir a una gestión flexible e inteligente del personal. En lugar de poner la tecnología al servicio del hombre, se ha empezado a poner el hombre al servicio de la tecnología.

¡Y llegaron las crisis! Hablo de crisis en plural porque hay varias: económica, de valores, de conceptos, de liderazgo… Pero todas las crisis tienen en común el traer consigo una gran incertidumbre sobre el futuro y la necesidad de replantear lo que creemos saber y saber hacer.

En esta situación, la reproducción del pasado como si hiciéramos una fotocopia ampliada de los planes anteriores, la conservación de las doctrinas y costumbres, simplemente no sirven. A enfermedad distinta, remedios diferentes. Además, la subordinación de las personas y de su gestión a una organización tecnológica no ha hecho más que reforzar el carácter burocrático del modelo organizativo. Muchos se están dando cuenta – y más aún en los departamentos de RR.HH. – de que algo no anda bien. La supeditación de los trabajadores y del trabajo a un ordenamiento rígido y riguroso empieza a parecerse más a un engorroso corsé que a una panacea.

La necesidad de escapar de aquello y la confianza en la diosa tecnología son tales que se está pensando seriamente en que las empresas adopten el modo de funcionamiento de las redes sociales, en las que los grupos humanos tienen fronteras difusas (uno puede adoptar o borrar a un “amigo” en cualquier momento) y donde la comunicación tiene como único patrón la dispersión de mensajes en todas las direcciones como los confetis en el carnaval. Cada participante es libre de crear una nueva subestructura, de entrar en una existente o abandonarla de forma espontánea. Es el paradigma de la anarquía, no tomando la palabra en su contexto de partido político sino en su sentido literal y académico de “falta de todo gobierno en un estado”. Pero estamos ansiando éxito desesperadamente y las redes sociales lo tienen y motivan a la gente, por lo que es tentador pensar en imitarlas. Esto nos lleva a la extraña paradoja de querer adoptar una ausencia de organización como modelo organizativo.

El planeta industrial está siendo sujeto a intensos movimientos telúricos que cambian el paisaje económico y social permanentemente. Los viejos mapas del management no nos sirven, las brújulas enloquecidas no indican el camino y en este contexto se manifiestan dos grandes tendencias.

Una consiste en intentar mantenerse firmemente en la época anterior. Atrapados en la fase de negación descrita por Kübler-Ross, sus partidarios exteriorizan la fe de que si insisten lo suficiente en sus ideas y procesos anteriores, el mundo terminará rindiéndose a la razón y estos importunos seísmos cesarán. Esta tendencia se manifiesta por un refuerzo de las teorías tayloristas y burocráticas: medirlo todo, centralismo, el personal es fundamentalmente un cargo o una variable de ajuste, la ingeniería puede controlar los sistemas humanos, hay que gestionar a los trabajadores centrándose en su rendimiento individual. Este conservadurismo proteccionista se esconde detrás de la aparición de supuestos remedios  novedosos y se disfraza de innovador. No es tan extraño. Como lo escribe Giuseppe Tomasi di Lampedusa en El Gatopardo, “hay cambios que son necesarios para que todo permanezca igual”.

La otra es su contrario. Puesto que todo está cambiando, cualquier cosa que haya nacido en este cambio es susceptible de ser una solución. Hay que tirar toda la vieja caja de herramientas y confiar en la innovación porque ella nos salvará. Sus prosélitos no saben muy bien cuál de estos chirimbolos ni cual de las nuevas teorías de los gurús de siempre serán los que nos rediman, pero sí que hay que seguir buscando, porque el grial está allí fuera, en alguna parte.

Ni tanto ni tan calvo.

Las nuevas tecnologías han de ser incorporadas en el management de las empresas y por tanto de su personal, pero como herramientas integradas en un modelo organizativo, no como modelo en si mismo y menos aún como factor preponderante. Las nuevas tecnologías han de hacernos más libres, no más esclavos. Tienen la capacidad de permitirnos unir la eficiencia colectiva con la emancipación individual de una forma que jamás fue tan accesible al hombre. Al posibilitar una mejor intercomunicación, facilitan las interacciones y, por ende, la posibilidad de trabajo cooperativo y las sinergias. A la vez proporcionan a cada uno el acceso a la información y a herramientas autónomas de eficacia personal. Pueden ser la forma de templar el poder abusivo de unos pocos e incrementar el de todos. Sin embargo, también podrían constituir el instrumento del Gran Hermano para tener vigilado a cada uno y atar a los empleados al banco de los galeotes. Lo que advendrá no depende de la tecnología sino de quienes la tengan en su poder. Escribió el médico humanista François Rabelais, padre de Gargantúa, que “ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma”.

El management, por su parte, debe mostrar humildad y aceptar un honorable replanteamiento de sus dogmas fundacionales así como una puesta en evidencia de algunos de sus mitos. El sistema humano que constituyen los empleados ha de estar bajo la responsabilidad real de especialistas en personas, no en ingeniería. No se trata ya de redecorar el sistema organizativo de las empresas, sino de reestructurarlo con nuevos paradigmas basados en aportar sentido al trabajo, en la reciprocidad de intereses entre el capital y el personal y en la descentralización de la gestión operativa. Se necesita desplegar el organigrama organizativo y añadirle una tercera dimensión sustituyendo su arquitectura lineal e intrincada debido a su cantidad de normas y contranormas por un modelo sistémico que pueda hacer frente a la complejidad sin complicaciones. Es desconcertante pensar que mandamos naves a Marte y que nuestras empresas siguen regidas por un modelo diseñado el mismo año que el Ford modelo T.

El grial no es una figura mítica sino el resultado de una labor racional y consciente que empieza tomando conciencia del nuevo paisaje para desarrollar modelos coherentes, capaces de integrar de forma armoniosa y equilibrada la economía, lo humano y la tecnología.

Las empresas deben recordar que crear riqueza es muy diferente de sacar beneficios. Vender un cáliz de oro puede proporcionar un buen beneficio, pero no creará riqueza. Los beneficios pasan, pero las riquezas se han de quedar.

Mhc

Abr

7

By Michel Henric-Coll

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Cyborg workers

ciborg

En su excelente blog, Juan Carrión pregunta por qué en la dirección de personal, tienen más éxito las teorías ingenieriles que las humanistas.

Estamos ante el eterno enfrentamiento entre lógica difusa vs lógica determinista, intangible vs tangible, potencialidades vs actualidad medible. Enfrentamiento que ha alimentado muchas discusiones entre los del marketing y los de finanzas por ejemplo (“Yo, señor Marketing, puedo decirle exactamente y al céntimo cuanto nos va a costar su proyecto y se lo puedo firmar ¿puede Ud. hacer lo mismo en cuanto a los futuros beneficios que reportará?”). Los ingenieros creen en un mundo cartesiano y lo quieren hacer extensivo a todo lo que les rodea. No corresponde a la realidad del ser humano, pero ya se sabe, cuando las teorías de algunos discrepan con la realidad: mala suerte para la realidad.

No son más que 3 o 4 los axiomas que conforman la Fe empresarial que habita a los grandes capitalistas y a los altos directivos que contratan, fe cuyo catecismo llena bibliotecas y cursos de las Grandes Escuelas de negocio. Pero estos principios son auténticos cerrojos para que lleguemos a un cambio significativo en materia de gestión y dirección de personas.

Surgen permanentemente desde la gente de RR.HH. propuestas nuevas (aunque la mayoría repintadas), ungüentos y bálsamos, pero existen dos barreras que impedirán siempre el cambio hacia un modelo más eficaz y sostenible: las creencias erróneas de los tecno-managers y la presencia de una estructura organizativa que actúa como un corsé, o una armadura oxidada, y no deja mover ni respirar.

Para complicar las cosas, la mayoría de aquellas personas que deberían provocar la toma de conciencia y el convencimiento de la dirección – quiero decir los directores de RR.HH. – han renunciado a su misión y a su especialidad en personas para venderse a las teorías ingenieriles que asimilan el ser humano a una máquina sin sentimientos ni pensamientos propios.

Si los que deberían saber cómo son y funcionan las personas han adoptado el lenguaje y las teorías de los directivos ingenieros para ser aceptados por ellos ¿quién defiende entonces en las altas esferas la humanidad que nos habita? (y que consta que no escribo ‘a los empleados’, porque me refiero a toda la empresa así como a la sociedad, que está mayoritariamente poblada de trabajadores).

Por mi parte, he denunciado las falacias y los mitos del tecno-management en este libro, y he propuesto un modelo nuevo y sostenible en este otro. Pero como dice el refrán, si buscas enemigos, propón un cambio.

Mhc

Nov

17

By Michel Henric-Coll

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Más Platón y menos Taylor

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Para gestionar a los seres humanos, se necesita recurrir a ciencias humanas: la psicología, la sociología y la filosofía, ¡no la ingeniería!

Se dirige a las personas como si fuesen materia inanimada, del mismo modo en que se gestionan las herramientas de producción. El pensamiento empresarial actual, en su lógico y legítimo afán de racionalidad y eficacia, ha confundido las churras con las merinas y se ha olvidado por completo de que las personas – a diferencia de los productos o de las máquinas – tienen la molesta costumbre de pensar y sentir.

Es cierto que los especialistas en Recursos Humanos han venido desarrollando nuevas técnicas y nuevas teorías que constituyen importantes avances para adaptar la gestión de las personas a la realidad histórica en la que vivimos. Pero no sirve de mucho que el departamento de Recursos Humanos tenga visiones de psicología social si la dirección general y la junta directiva sólo creen en la ingeniería.

Todo paso hacia una dirección de personas acorde con su humanidad tropieza tarde o temprano con planteamientos de ingeniería que asimilan el trabajador a un producto, una materia prima o a una máquina.

Se enseña con perseverancia y anhelo en los masters y en las escuelas de negocios caminos adecuados para dirigir personas, pero las empresas toleran su aplicación como caprichos asumibles y sólo mientras se llega a una rentabilidad financiera acorde con las expectativas. Pero si cambian las condiciones de competencia, o las exigencias de los inversores (que suben como la nata), lo primero que se hace, es retirar los juguetitos a los de Recursos Humanos, cerrar el patio de recreo y aplicar criterios de ingeniería a rajatabla.

¿Queréis pruebas o un botón? Dejadme citaros a un alto directivo:

“Recursos Humanos es un proveedor de servicios. Los suministra exactamente como cualquier otro vendedor o proveedor de cualquier otro producto. Ha de garantizar a sus ‘clientes’ que el producto suministrado aportará los resultados deseados. A veces el producto da señales de disfunción. RR.HH. debe intervenir inmediatamente para establecer un diagnóstico y, según el caso, cambiar el producto o arreglar el problema. La idea de que el producto falla porque el ‘cliente’ no ha sabido utilizarlo es realmente una confusión”.

¿He de recordaros que cuando este directivo habla de producto, se está refiriendo a personas?

No es nada razonable esperar que seres a los que consideramos simplemente como un cuerpo que vive (como lo pretendía B.F. Skinner), se comporten de otra forma. El fallo no se sitúa en los niveles operativos, sino en el pensamiento directivo general, en el modelo jerarquizado y en imaginar que la ingeniería puede gestionar personas.

No cambiaremos con desarrollar teorías de Recursos Humanos, es el modelo mismo que hay que cambiar.

Michel Henric-Coll

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