Abr
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El uso, o mal uso de Internet por parte de los empleados está a la orden del día. No hay ninguno en que no salgan ejemplos de trabajadores que malgastan el tiempo y los medios de la empresa para conectarse a Facebook, animar su blog, o navegar por sitios indebidos.
Prohibir, o no prohibir el uso de Internet a los empleados parece ser la cuestión.
Se culpa mucho a la irresponsabilidad de los empleados, pero estoy convencido de que el problema de la actitud ante Internet y de su uso indebido está en grandísima parte provocado por el sistema organizativo actual.
El modelo de dirección de personas se basa en la centralización y la individualización. El control, las evaluaciones, la asignación de tareas, todo procura realizarse desde un órgano central de mando. Como consecuencia, no hay mando de proximidad, ni trabajo en equipo, ni autorregulación de los equipos.
Cuando digo que no hay trabajo en equipo, es porque por mucho que se le ponga la etiqueta de equipo a un grupo de trabajadores, si no dispone de acceso a la información sobre sus objetivos globales, de sus indicadores de rendimiento, del poder de autorregulación y de definir sus propios procesos, no podrá funcionar mucho tiempo como un verdadero equipo. Y una de las cosas que no tendrá, es la presión de conformidad que ejercen los miembros de un equipo con respecto a los demás.
En un (verdadero) equipo, los miembros ejercen un control recíproco sobre ellos mismos porque todos asumen que el trabajo de cada uno depende del de los demás. En una agrupación de individuos (como en el modelo taylorista actual), cada miembro del grupo es cómplice de los demás y estos le cubren a él las espaldas. Las responsabilidades colectivas no existen, o bien poco.
En la organización fractal (Fractal Teams), la implicación de cada miembro con los objetivos del equipo, el hecho de que cada uno contribuya a los planteamientos estratégicos y a la regulación del equipo, hacen que la responsabilidad colectiva esté estimulada y que los que intentan escaquearse se vean reprimidos por sus compañeros. Habiendo una cultura de victoria colectiva, también la hay de responsabilidad colectiva en lugar de una cultura de sálvese quien pueda.
La gestión individual y centralizada propia del modelo del tecno-management actual, asociada a una deshumanización laboral de los empleados, fomentan lo que reprocha y se verá condenada cada vez con mayor fuerza a ejercer controles y prohibiciones. Más peso sobre la tapa de la olla de presión. Pero ¿cómo pueden imaginar las empresas que esto les beneficia?