En el Reino de los Tuertos

Es frecuente leer o escuchar que “la prioridad del negocio es conseguir el máximo de beneficios”. La coletilla habitual es que “la empresa no es una ONG”.

La mayoría de las personas admiten esta declaración, aún cuando les molesta, y si se les pide explicaciones suelen contestar que, efectivamente, una empresa ha de producir beneficios o desaparecerá. Esto es cierto. Los beneficios son a las empresas lo que el comer a los adolecentes: una condición para su desarrollo. Sin embargo, no es lo que dice esta declaración. No dice que “las empresas han de producir beneficios”, sino que su prioridad es conseguir el máximo de beneficios, lo cual es algo muy diferente. Si dejamos de comer, nos moriremos rápidamente, lo cual no significa que la máxima prioridad de la vida sea comer lo más posible.

¿Qué significa prioridad? Que en caso de tener que elegir, siempre hemos de escoger lo que corresponde a nuestra prioridad. Y dirigir implica decidir en permanencia.

¿Damos un mejor servicio a nuestro cliente o ahorramos el coste para incrementar beneficios? Incrementamos beneficios. ¿Subimos la calidad del producto o recortamos la calidad para reducir costes? Reducimos la calidad. Si tomáramos una decisión diferente, no estaríamos siendo coherentes con nosotros mismos, no estaríamos de acuerdo con nuestra propia declaración de prioridad.

¿Debemos formar al personal, invertir dinero en su preparación o desarrollo? Esto tiene una respuesta sencilla: pedimos al director de Recursos Humanos que nos demuestre que estos costes se van a traducir en más beneficios distribuibles. Si no es capaz de hacerlo, no formamos ni invertimos en las personas.

De aquí la obsesión de las empresas por convertir a números todo lo que tiene relación con personas: para poder certificar que la inversión es acorde con la declaración de prioridad.

Sin embargo, en la mayoría de los casos no es posible calcular qué consecuencias tendrá la mayor preparación y desarrollo de las personas sobre el balance del ejercicio. En particular porque el personal forma un sistema social cuyo funcionamiento global no es la suma de las partes. Cualquier sistema complejo es la suma de las propiedades individuales más las propiedades emergentes producidas por sus interrelaciones, propiedades que no se encuentran en ningún componente, sino que aparecen y se modifican en función de dichas interacciones.

La empresa siendo un sistema complejo, los beneficios globales incorporan los beneficios emergentes. Son todos los que nacen de la interrelación del personal entre sí, pero también de sus interacciones con todos los participantes externos del negocio: clientes, proveedores, organismos financieros y estatales. No son computables.

Pretender calcular el beneficio emergente es una ilusión que roza lo absurdo. Y más aún si pretendemos afectarlo a uno o dos ejercicios. Es lo mismo que pretender calcular cuánta amistad se generará en el próximo campamento de verano. Sabemos que se generará, pero nunca podremos calcular cuánta (y para seguir con la metáfora: entonces no haremos el campamento).

En el caso del personal, las consecuencias a medio y largo plazo son dramáticas para las empresas porque paralizan la parte más importante de la evolución de su personal, es decir de su principal fuente de productividad, creatividad, adaptabilidad o, en una palabra, competitividad.

En el caso de los clientes y de la calidad de los productos, es como decir a los compradores que harían mejor dirigiéndose a la competencia. Luego nos extrañaremos de que lo hagan.

En un mundo empresarial en el que todos son tuertos, resulta difícil que las empresas se den cuenta de su media ceguera. Se dan cuenta de que algunas empresas – que no siguen los mismos patrones de management de personas – están teniendo un crecimiento considerable, pero lo atribuyen a cualquier otra causa. Precisamente porque la relación causa-efecto no es calculable, ni es siquiera totalmente descriptible, y el plazo entre ambos es largo y difuso.

Pero volvamos a la declaración del principio: ” la prioridad del negocio es conseguir el máximo beneficio” y preguntémonos cuánto dinero corresponde al máximo. ¿Cien mil, un millón, cien millones, un billón? ¿Un trillón tal vez? Nada de esto. Máximo significa ilimitado, indeterminado. Significa que nunca dejaremos de tener el incremento de los beneficios de los accionistas como máxima prioridad. Significa que estamos condenados a seguir haciendo las mismas malas elecciones para siempre.

La prioridad del negocio es la de cometer el máximo de errores.

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