Motivación rima con organización

Tener personal motivado e implicado se ha convertido en el reto principal del management. Lo bueno es que, implícitamente, supone el reconocimiento de que una de las claves esenciales de la competitividad y de la evolución de las empresas se debe a su personal. Hace tiempo que estas palabras se habían incorporado a los discursos, pero ahora las empresas se han dado cuenta de que dar coba no basta para implicar a la gente.

Los managers están, por tanto, buscando las teclas y palancas que puedan activar las ganas y estimular la participación voluntaria. Pero en su búsqueda siguen los mismos patrones, pisan las mismas huellas y aplican para solucionar los problemas la misma forma de pensar que los ha creado.

Tener personal motivado no se debe a algo que tenemos que aplicar a los trabajadores, como pegar un martillazo para enderezar una chapa o añadir azúcar al café para endulzarlo.

La motivación es un proceso complejo (léase multifactorial) que involucra a todo el sistema organizativo. En términos generales, les recomendaría que no pierda tiempo y dinero intentando motivar al personal. Con que aprenda a dejar de desmotivarlo, ya tendrá suficiente.

La motivación es como una planta. Dele agua, luz y un terreno adecuado y crecerá de forma natural sin que Usted intervenga. La motivación es inherente al ser humano porque tener metas es tan necesario a su vida como el oxígeno a sus pulmones. El hombre siempre tiene metas. O le propone usted alguna por la que considere que vale la pena esforzarse, o encontrará a otras que no le beneficien tanto a usted.

Las metas, los retos aceptados, los desafíos consentidos, atraen tanto al hombre valioso como la luz a las mariposas. Si su personal no está motivado, identifique los focos de oscuridad. La oscuridad que se apodera de las organizaciones son agujeros negros capaces de absorber toda la luz cercana. Por tanta energía nueva que intente Usted añadir, tanta será capaz de absorber la oscuridad del sistema organizativo.

Si ha instalado la competitividad entre su personal como medio para impulsar a mayores esfuerzos, no me cabe duda de que lo habrá conseguido. Pero serán esfuerzos enfocados a la supervivencia individual, a disimular zancadillas fingiendo ayudar, a esconder información a los rivales, a complacer al jefe más que a cumplir con los intereses de la empresa. Es decir esfuerzos que, a su firma, no le benefician en nada. Solamente la cooperación y las sinergias nacidas de ella pueden ayudarle. Los rivales están fuera, no dentro. A los que hay que dividir para vencer, es a la competencia, no al personal.

Si practica la Dirección por Objetivos individuales, puede estar seguro de que sus empleados alcanzarán sus objetivos. Y por “sus objetivos”, entiendo los suyos propios, no los de Usted. Habrá conseguido disponer el cuadrilátero adecuado para favorecer la rivalidad, la preocupación por hacer perder al “compañero” y, en general, hacer que el personal se preocupe más por su propio pellejo que por sacarle las castañas del fuego.

Si llega a los objetivos marcados, su personal hará como el perro al que hoy le sobran huesos para roer; los esconde enterrados por si mañana llegara la hambruna. Son esfuerzos, por tanto, que se pondrán en el congelador organizativo en lugar de ser aprovechados hoy. Habrá motivado a sus trabajadores, ve como al final, sí que es posible. Pero los habrá motivado a velar por sus propios intereses en lugar de los de Usted.

Los hombres no están constituidos de cables y engranajes. No responden a impulsos mecánicos ni eléctricos. Es cierto que, poniendo la suficiente presión como para que su supervivencia o su seguridad quede en entredicho, castigando sistemáticamente su creatividad, sus iniciativas y sus inquietudes, es posible conseguir de ellos comportamientos más propios de robots sin estados de ánimo. Pero los robots no tienen motivación. Sólo ejecutan al pié de la letra, inclusive si se les pide que eche fuego a la empresa.

Ya sé, hay una nueva moda en el management que consiste en repetir que cada uno es libre de elegir su actitud y que es dueño de su propia motivación. Resulta bastante cierto, aunque con matices. Pero no se imagine Usted que esto significa que le podrá perseguir si no elige la actitud que a Usted le gusta, o si su motivación va por derroteros divergentes a los de Usted.

Creerlo le llevaría a reforzar todos los errores que le han llevado a esta perjudicial situación. El trabajador es responsable de su motivación, de acuerdo, pero es la responsabilidad de Usted y de su Organización de que esta motivación les resulte beneficiosa.

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