Patatas con microchip

– Me quedo perplejo, no entiendo a tantos empresarios que quieren contratarme para que impulse el cambio, y se niegan a todo cambio.

– Es normal.

– ¿Tú lo encuentras normal?

– Digo que es normal que te quedes perplejo. Pero déjame explicarte primero algo: lo que intentan los empresarios y otros altos directivos, es hacer lo más perfectamente posible las cosas equivocadas. Es lo que llaman ellos: excelencia. Bajo ningún pretexto quieren que nadie les insinúe que van por caminos equivocados, eso no les importa, sólo quieren dar cada paso perfectamente, aunque sea en la mala dirección.

– Pero se llenan la boca de términos como cambio e innovación.

– Desde luego, pero no te confundas. Cuando hablan de cambio en la empresa, se refieren a que su personal ha de aceptar hacer lo que se les pide sin rechistar, por muy absurdo o contraproducente que sea. El cambio, como lo decía Sartre del Infierno, son los demás. Lo que piden, es que el personal se muestre más obedientes a los prosélitos de la ingeniería directiva que, como bien sabes, consiste en someter a los empleados a la dictadura de procesos rígidos e inmutables por esencia.

– Y ¿si no se someten?

– Pues a eso lo llaman: estar en “su zona de confort”.

– Quién inventa estos procesos?

– Los creadores del Matrix.

– ¿Te estás burlando?

– Bueno, sí, pero apenas. ¿Por qué crees que las empresas funcionan a pesar de sus muchas reglas incoherentes y sus numerosos procedimientos irrealistas?

– Esto es otro de mis motivos de asombro.

– Porque, como en la vieja Unión Soviética, hay personas en la base que se saltan las normas y aplican el sentido común. Las reglas funcionan porque hay quienes se arriesgan a infringirlas. Como los managers no lo han entendido, imaginan que los empleados son el problema y sus procesos la solución, cuando en realidad, su solución ES el problema.

– Entiendo. Y eso de la innovación?

– Es muy simple. Consiste en introducir nuevas tecnologías y prometer ganar dinero con ella. Por decreto ley lingüístico, si no usas nuevas tecnologías, no lo llaman innovación, por mucho que les des la vuelta a todas las tortillas.

– Esto está pero que ¡muy mal visto por los jefes de cocina!

– Ya lo vas captando. Además si no prometes ganar dinero (al ser posible en la exportación), tampoco lo llaman innovación, sino invento. Es así que si introduces un microchip en los paquetes de patatas, podrá ser considerado una innovación.

– Y ¿si invento una nueva clase de patatas, o un nueva forma de envasarlas?

– No será innovación, por mucho que innoves. El cambio en las empresas consiste en seguir haciendo lo mismo, y la innovación en usar tecnología mostrando fantasiosas cuentas de resultados previsionales.

– Pero ¿cómo pueden establecer cuentas de explotación a cinco años, con volúmenes de venta y actuaciones de la competencia para algo que aún no existe?

– No te preocupes, para las verdaderas innovaciones, nadie puede. Todo es apariencia : tú finges que has hecho un Business Plan coherente, y los organismos involucrados fingirán que se lo creen. Lo que verdaderamente importa, no es que haya futuro sino que hables mucho de él y que cites grandes genios (todos americanos), de la tecnología. Ah, y muy importante: debes inundar las redes sociales y procurar dar charlas en los convenios de empresas innovadoras.

– ¿Y con esto voy a cambiar algo?

– ¿Cambiar? ¿Estás loco? Recuerda que si quieres tener enemigos, propón un cambio de verdad. ¿Estás pensando en uno? Pues, ¡cállatelo! O pide una Green Card.

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