Profecías autocumplidas

Si no habéis leído recientemente pronósticos sobre cuál será la evolución de los Recursos Humanos o participado en alguna encuesta o debate en la que os piden los vuestros, es que no estáis en este planeta.

Esto de pronosticar tendencias entraña bastantes riesgos de ser capcioso. En efecto, pronosticar es intentar prever lo que va a ocurrir, pero el riesgo consiste en confundir el pronóstico con lo que sería bueno que ocurriera, y con lo que es necesario que ocurra. Es obvio que no es lo mismo pronosticar que mañana una tormenta arrasará las costas que considerar que esto sea bueno o deseable.

No obstante, los pronósticos en materia de tendencias económicas o laborales se convierten muy fácilmente en profecías autocumplidas, porque de tanto repetirse los pronósticos, terminamos considerándolos como la línea a seguir. Si el pronóstico es que los corderos van a tirarse por el precipicio, terminamos organizándonos para saltar con ellos en lugar de estudiar cómo prevenir el salto.

¡Anda! Ahora pido a gurús y blogueros que juntos, pronostiquemos que en la segunda década del siglo, la tendencia será que las personas claves de las empresas serán las que sepan latín.

Si se repite lo suficiente, las escuelas de negocios y las universidades incorporarán el latín en sus asignaturas; las consultoras buscarán colaboradores que dominen el latín;  los medios de comunicación confirmarán las tendencias del mercado, eliminando las últimas dudas agnósticas; los caza-talentos abrirán la veda a los latinistas, y en poco tiempo, aquel que no sepa latín no tendrá la menor oportunidad de encontrar un puesto directivo. Así se confirmará lo listos que fueron aquellos que supieron discernir la tendencia antes que nadie. Pero ¿de verdad sirve el latín para salvar a las empresas? ¿Alguien se lo está preguntando? Sobre todo que hay dinero que ganar vendiendo latín…

Vamos a ver, ¿cuáles son los pronósticos que circulan en nuestras fechas? Que el talento será un bien escaso, que la gestión por competencia será el modelo imprescindible y que todos los empleados serán medidos en tres dimensiones en cuanto a su contribución personal al rendimiento del negocio.

Cuanto más consideremos que el talento es un bien escaso que hay que buscar con el empeño de un “Forty-niner” y tan precioso como un diamante de la De Beers, más se convertirá en realidad. Se descuidará y menospreciará aún más al resto de trabajadores, se aumentarán los agravios comparativos entre Los Elegidos y el Servum Pecus, y se comprobará que menos mal que nos habían avisados de contratar y mimar a los “Talentos”, porque ya no hay quien pueda con el resto de los empleados.

La Gestión por Competencias (excelente en cuanto a competencias técnicas) habrá terminado por acaparar también las habilidades psico-sociales y querrá adecuar cada empleado con el perfil ideal, que comporta 256 items, entre los que cuenta la comunicación asertiva (capacidad para tratar amablemente al jefe cuando este te manipula abiertamente o te recuerda que aquí manda él) y la resiliencia. La resiliencia es la capacidad de recuperarse después de que te han apaleado. Así, si te afecta que la Organización te putee repetidamente, te mandarán a desarrollar tu competencia en resiliencia, lo que resulta más cómodo que esperar que el Sistema deje de tratarte como un zote engranaje de la gran máquina titiritera.

Se medirá la capacidad de Heroísmo Laboral de cada uno (vete a saber con qué unidad de medición) y podremos enviar a los desmañados a seminarios de desarrollo de la Capacidad de Sacrificio (dónde cohabitan el modelo formativo Azteca con el método de los Mártires Coreanos). En serio: en una conferencia hace un par de semanas, el ponente afirmaba que la salida de la crisis exigía que el personal reaprendiera las virtudes del sacrificio.

Como el ser humano habrá sido despojado de lo que lo hace humano, estará convertido a un conjunto de números lo cual, hay que admitirlo, resulta mucho más cómodo para confiar su gestión a programas de ordenadores. Esto en un futuro cercano, porque supongo que más adelante podremos codificar la cadena ADN de cada empleado, lo que será un paso de gigante hacia un mundo perfecto y feliz. No necesitaremos formación en habilidades sociales (siempre aventuradas) puesto que una manipulación genética será más científica. Para la clonación del empleado ideal, supongo que habrá que esperar un poquito más.

Confieso que estos escenarios me dan sudores, pero quiero dejar algo claro de mis pensamientos: la sociedad necesita a las empresas y que estas ganen dinero, generando riquezas porque todos vivimos de ellas.

Pero al mismo tiempo, las empresas necesitan a la sociedad y a quienes la conforman. No olvidemos que la sociedad está formada en mayor parte de los consumidores y trabajadores. Ergo, lo que es malo para la sociedad, es malo para las empresas. Esto de esperar ganar haciendo perder a la sociedad es un absurdo. Por eso las empresas han de entender que las personas no se pueden gestionar como si fuesen recursos inanimados o desalmados, hay que dejar de inventar parches para mantener un modelo de gestión obsoleto e integrar el componente humano en la dirección del personal.

“Cartago delenda est” decía el viejo Catón en cada una de las sesiones del senado, Cartago ha de ser destruida. El taylorismo ha de ser destruido, repito yo.

MHC

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