¡Santificada sea la innovación!

Glorificar la innovación está muy de moda. Algo comprensible cuando parece que todo va mal. Innovación consuena a cambios que, a su vez, conlleva abandonar lo actual. No importa tanto a dónde vayamos como irnos de aquí.

 

Sin embargo, innovar por innovar no es clave de progreso. Desarrollar nuestra capacidad de adaptación, sí lo es. Adaptarnos a los cambios que nos rodean y a las perturbaciones (tanto externas como internas) que nos afectan para encontrar un nuevo equilibrio (homeostasis1).

 

Multiplicar las innovaciones incrementa la variedad2 del sistema, es decir la cantidad de estados diferentes que puede adoptar. Ya sabes: el que forman un interruptor y una bombilla tiene una variedad de dos: encendido o apagado. El sistema humano en una empresa tiene una variedad potencialmente ilimitada, pero artificialmente restringida a la variedad propia de su sistema de gestión.

 

¿Por qué limita el sistema de gestión la variedad del sistema humano? Para intentar controlarlo enteramente, para poder dirigir de forma centralizada cada uno de sus elementos, en cada una de las situaciones posibles. Doctrina taylorista: arriba se piensa y controla, abajo se ejecuta. Claro que Taylor no podía conocer la ley de la variedad requerida3, habrá que esperar medio siglo más para que la descubra Ashby.

 

De hecho las bombillas tienen muchos estados potenciales diferentes entre encendidas y apagadas, pero un interruptor no los puede controlar, hace falta sustituirlo por un graduador de luz. Empero un modelo de dirección basado en el “control y mando” centralizado nunca conseguirá adquirir la variedad suficiente para ser el graduador, puesto que la variedad del sistema empresa es, recordémoslo, ilimitada.

 

Por tanto, ensalzar la innovación en las empresas sin modificar el modelo de gestión no puede sino empeorar las cosas. Se van a crear nuevos estados de variedad que el órgano de gestión intentará en vano controlar, y el gap entre dirección y dirigidos se puede convertir en un abismo infranqueable.

 

Antes de pretender intensificar la innovación, hay que innovar en el propio modelo de dirección y gestión. Descentralizar, delegar parte del control, de la información y de las decisiones a los que ejecutan. A su vez esto implica un cambio descomunal en la mentalidad que rige la gestión del personal en las empresas: pasar de una relación de subordinación a un partnership basado en la confianza recíproca.

 

¡Menuda innovación sería esta!

 

No pongamos el carro ante la caballería. La primera innovación a conseguir, es la que afecta al propio modelo de organización. Menos santificación de la innovación y más esfuerzos para cambiar el concepto mismo de management.

 

Anexo: vocabulario de la sistémica.

1. Homeostasis: forma de equilibrio dinámico que adquieren los organismos vivos. Dinámico en el mismo sentido que el equilibrio que consigue el ciclista: compensado en permanencia sus desequilibrios.

2. Variedad de un sistema: número de estados diferenciables que puede adoptar un sistema. Es proporcional al número de componentes y, sobre todo, a la cantidad y a la calidad de las interacciones entre los elementos que lo componen.

3. Ley de la variedad requerida: Ningún sistema puede ser enteramente pilotado por otro que tenga una variedad menor que la suya. “Sólo la variedad absorba la variedad”.

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