Soy, luego no pienso

¿Por qué es tan difícil hacer evolucionar las teorías del management? Me hago muchas veces la pregunta, y desde luego no existe una respuesta única y contundente. Pero hay un aspecto que debe de estar influyendo mucho: el verbo. O sea: la palabra, el lenguaje.

Se ha demostrado que el lenguaje nos crea tanto o más como nosotros creamos el lenguaje. Si somos capaces de traducir ideas en palabras, es igual de cierto que las palabras son capaces de crear ideas, inclusive de sustituirse a ellas. La mente adopta frases, dichos, lemas como módulos prefabricados de pensamiento.

Obviamente eso también ocurre en el management actual. Se han ido forjando unos cuantos estereotipos vacíos – es lo propio de los estereotipos: ser vacíos y no demostrados – de tal forma que sus apóstoles pueden sustituir la argumentación por versículos de la doctrina, pero los detractores necesitamos cursos enteros para contrarrestarlos.

Es lo que tienen dogmas y doctrinas, se sustentan a sí mismos sin dejar espacio para la reflexión argumentada.

Estoy seguro de que estáis pidiendo pruebas, o por lo menos ejemplos. Os daré uno: “la suerte no existe”. Hay textos de gran valor literario para adornar esta declaración, llenos de una fe entusiasta.  Casi todos conocemos esta admirable frase: “me he dado cuenta de que cuanto más trabajo, más suerte tengo”.

Es indudable que es una declaración adecuada para impulsar a aquellos que prefieren confiar en el destino antes que en sus propios esfuerzos, y sabemos que los hay, pero convertirla en verdad universal – como se está haciendo – es una falacia que provoca rencores y frustraciones.

Tus esfuerzos son siempre insuficientes, si no alcanzas la excelencia (nombre que se da al horizonte en las empresas), es que tus esfuerzos son deficientes y sólo puedes culparte a ti mismo. ¡Más!, tienes que dar siempre más, porque cualquier resultado insuficiente es exclusivamente culpa tuya y si otros los consiguen mejores, es porque se han esforzado más. No existe ni la suerte ni la mala suerte. Ni siquiera existe el sistema.

Este es el venenoso discurso. Al trasladar al individuo una responsabilidad que no es exclusivamente suya, lo encierra en un pozo negro de culpabilidad insalvable, produciéndole un sentimiento de injusticia que no tiene siquiera derecho a mencionar. Son paradojas que generan efectos devastadores tipificados en psiquiatría.

Por cierto ¿eres de los que creen que no existe la suerte (y por tanto tampoco la mala suerte)?

Mario termina normalmente la jornada laboral a la siete. Mañana es festivo, y su jefe le ha persuadido de dedicar los máximos esfuerzos al trabajo. No está muy convencido, sobre todo porque está cansado (doce horas de trabajo intelectual, ya son muchas), es consciente de que su rendimiento ha bajado, y de todos modos este trabajo no se va a utilizar antes del mes próximo. Pero Mario quiere tener más suerte, así que trabaja más.

Sale del despacho a las nueve. Recupera su coche. Abandona el aparcamiento y circula con mucha cautela debido a la lluvia que se ensaña sobre la ciudad desde las ocho. Entra en la circunvalación y, al acelerar, nota algo extraño en la conducción. Una rueda está pinchada. Aparta el coche lo más posible y llama al taller. Cerró a las ocho y media. Prueba con otros: mismo resultado. Intenta cambiar la rueda él mismo en el borde de la autovía. Se corta un dedo con el gato. Pasa un camión que pisa un charco y la da un baño. Se pega la cabeza con el portón al dejar la rueda en el maletero. La lluvia se intensifica. Cegado, un conductor no lo ve y le atropella. En la ambulancia, el enfermero le dice: “A estas horas y con este mal tiempo, usted no ha tenido suerte”.  A lo que Mario replica: “la mala suerte no existe, pero desde luego si no hubiera trabajado tanto, a las siete hubiera salido, los talleres estaban abiertos y nada de esto hubiera pasado”.

Ves, para intentar contrarrestar una simple frase hecha he necesitado todo un artículo, y aún me quedo corto y superficial. Por eso resulta tan difícil hacer evolucionar el management, está plagado de refranes y frases hechas.

crédito imagen: desconocido

5 comentarios

  1. Observador dice: Responder

    Gracias por mantener la lucidez para diagnosticar el envenenamiento masivo y el valor de explicarlo post tras post.
    ¡Ahora solo falta que el poder real siga la cura de desintoxicación completa por urgencias!
    En caso contrario faltarán siquiatras y policias…

    1. Gracias a tí por apoyar, a veces uno se siente un poquito solo… (rolleyes)

  2. Lúcido y transparente.
    El lenguaje sustituye las propias ideas y las convierte en slogans vacíos, como los libros de contabilidad que ya no reflejan la realidad sino un pasado convencional y flexible, adaptable a los especuladores más creativos.
    Sigue escribiendo Michel

  3. Excelente como es habitual en tu caso Michel!

    Creo que el lenguaje, como otros aspectos de nuestro comportamiento, reflejan nuestra cultura, nuestros sistemas de creencias, (creencias que también son construcciones del lenguaje). Pero el ser humano se empecina en defender las creencias que sostiene sin detenerse a reflexionar si esas creencias contribuyen a estar mejor, vivir mejor y trabajar mejor. Si no lo hacen, entonces cambiémoslas!!!.

    Sin embargo, facilitar este cambio resulta una tarea a veces repleta de arideces y soledades…

    Me sorprende observar una y otra vez en la gran mayoría de las personas con las que trabajo esos razonamientos tautológicos, y esa selección preconsciente sólo de aquellos hechos que refuerzan sus creencias preexistentes y nunca cuestionadas. Y ver como mi trabajo se convierte en algo sumamente amenazante, tal vez porque identifican su ser con su creer.

    Un gusto y gracias por invitarnos a esta reflexión!

    1. Gracias a ti Andrés. La mente humana es capaz de simplificar, pero no siempre es consciente de la diferencia entre simple y simplista. Es capaz de aprendizaje para no tener que replantear una y otra vez los mismos problemas, pero no siempre sabe hacer la diferencia entre aprendizaje y prejuicio. La frontera entre pensar justo y pensar lo justo es bien borrosa.

Deja un comentario