• Cuentos
  • RR.HH. 2020

    El letrero en la puerta marcaba “DIRECCIÓN DE RECURSOS HUMANOS – PROHIBIDO ENTRAR”.
    Machado pasó la tarjeta por el lector de control y la puerta se desbloqueó con el característico clic metálico de las serraduras eléctricas.
    Entramos en una sala de unos veinte metros cuadrados en la que destacaban tres pantallas de ordenador que estimé ser de treinta pulgadas y que, como lo iba a descubrir pronto, eran táctiles.